Habiéndose celebrado el sábado pasado la festividad de san Fernando y al hilo de la reciente entrada sobre la hermandad de caballeros que toma por nombre el del santo rey, hoy se propone una breve anécdota.
Es la relativa a la ceremonia de entronización, a través de la recepción de la orden de la caballería, que fuera tradicional en Castilla y León.
En estos reinos, la mayoría de edad de los hijos de la real familia se alcanzaba en torno a los catorce años. A tal efecto se celebraba, con toda la solemnidad requerida por la ocasión, la ceremonia de admisión en la orden de la caballería, que daba verdadero valor a la madurez y consiguiente acceso a la condición de guerrero cristiano del infante real.
La recepción en la orden de caballería se desarrollaba con el sabido ritual, cuya parte culminante era el momento en el que se apoyaba la hoja de la espada sobre ambos hombros del caballero al tiempo que se pronunciaban las palabras in hoc signo, dignitatem equestrem obtines, que significan, con este signo obtienes la dignidad de caballero, añadiéndose después el sabido: Que Dios y el apóstol Santiago os hagan buen caballero.
Para realizar esta ceremonia, que era habitual entre todos los caballeros, no solo en el ámbito de la real familia, se requería siempre a otro caballero de más dignidad, o edad, o sabiduría, que era quien transmitía la orden de caballería. Pero, ¿quién hacía caballero al rey? ¿quien podía, entonces como hoy, considerarse por encima del rey?
Para solventar esta cuestión, el ingenio medieval castellano fabricó una estatua de madera del apóstol Santiago, sedente, portando una espada.
Es la relativa a la ceremonia de entronización, a través de la recepción de la orden de la caballería, que fuera tradicional en Castilla y León.
En estos reinos, la mayoría de edad de los hijos de la real familia se alcanzaba en torno a los catorce años. A tal efecto se celebraba, con toda la solemnidad requerida por la ocasión, la ceremonia de admisión en la orden de la caballería, que daba verdadero valor a la madurez y consiguiente acceso a la condición de guerrero cristiano del infante real.
La recepción en la orden de caballería se desarrollaba con el sabido ritual, cuya parte culminante era el momento en el que se apoyaba la hoja de la espada sobre ambos hombros del caballero al tiempo que se pronunciaban las palabras in hoc signo, dignitatem equestrem obtines, que significan, con este signo obtienes la dignidad de caballero, añadiéndose después el sabido: Que Dios y el apóstol Santiago os hagan buen caballero.
Para realizar esta ceremonia, que era habitual entre todos los caballeros, no solo en el ámbito de la real familia, se requería siempre a otro caballero de más dignidad, o edad, o sabiduría, que era quien transmitía la orden de caballería. Pero, ¿quién hacía caballero al rey? ¿quien podía, entonces como hoy, considerarse por encima del rey?
Para solventar esta cuestión, el ingenio medieval castellano fabricó una estatua de madera del apóstol Santiago, sedente, portando una espada.
Esta imagen, a través de un mecanismo interior, permitía manipular el brazo derecho para dejar caer la espada de la estatua sobre los hombros del rey.
El día veintisiete de noviembre de 1217, en el monasterio de las Huelgas de Burgos, el rey san Fernando, todavía soberano solo de Castilla, fue aceptado como rey, entronizado, por medio de la ceremonia de recepción en la orden de la caballería. Orden que recibió de manos de la estatua de Santiago que, aun hoy en día, puede admirarse en el cenobio burgalés.
En recuerdo de aquella ceremonia, y desde hace más de sesenta años, la real hermandad de san Fernando, de la que recientemente se ha hablado en este blog, recibe siempre en esa misma fecha, veintisiete de noviembre, a los nuevos caballeros que ingresan en sus filas.
El día veintisiete de noviembre de 1217, en el monasterio de las Huelgas de Burgos, el rey san Fernando, todavía soberano solo de Castilla, fue aceptado como rey, entronizado, por medio de la ceremonia de recepción en la orden de la caballería. Orden que recibió de manos de la estatua de Santiago que, aun hoy en día, puede admirarse en el cenobio burgalés.


así como las lápidas sepulcrales de don Manuel Martínez de Tejada, natural de Aldeanueva de Cameros, de 1762; don Manuel de San Román de Tejada y Sáenz de Santamaría, de Muro de Cameros, de1767; y de D. Julián de Torrecilla y Tejada, de Lumbreras de Cameros, de 1750.
disertó acerca de la efeméride histórica conmemorada, bajo el título La batalla de Clavijo; entre la Historia, la Leyenda y el Mito, a cuya brillante intervención siguió un animado coloquio. Ocuparon la mesa presidencial, junto al conferenciante, el canciller del Solar de Tejada, don Tomás Rubio de Tejada y Fernández y, en representación del Solar hermano de Valdeosera, don Fidel Fernández de Tejada y Quemada.
Si brasil volviera a ser una monarquía imperial, el soberano, desde 1981 en que sucediera a su padre, sería don Luis Gastón de Orleans-Braganza y Baviera, don Luis I.
Éste correctísimo príncipe, ya de cierta edad y soltero, sin descendencia, tiene en su hermano don Bertrand
a su legítimo sucesor, y después de éste, también soltero y sin hijos, sucederá en la soberanía de la casa de Brasil, el hermano de los anteriores, don Antonio de Orleans-Braganza y Baviera,
casado con la princesa belga doña Cristina de Ligne, con sucesión de cuatro hijos, don Pedro Luis, don Rafael Antonio, doña Amelia y doña María Gabriela. En la fotografía que sigue aparecen los cuatro:
Lamentablemente, tenemos el triste sentimiento de comunicar que el primogénito, el príncipe don Pedro Luis, llamado a ser algún día soberano de la casa imperial de Brasil, viajaba en el vuelo de Air France desaparecido en el Atlántico recientemente.
El príncipe don Pedro Luis de Orleans-Braganza y Ligne, de veintiséis años, era licenciado en empresariales. Residía en Luxemburgo, aunque nació en 1983 en Río de Janeiro, ciudad a la que había acudido para visitar a algunos de sus familiares.
Comienza con esta entrada una serie relativa a los escudos de las unidades del ejército de tierra de España. He de confesar, improbable lector, que siendo comandante del ejército del aire y habiendo observado el desorden heráldico que caracteriza al ejército al que pertenezco, siento una envidia sana al comprobar que nuestros compañeros del ejército de tierra han sabido dotarse de una simbología muy cuidada en su aspecto heráldico.
nuestros compañeros del ejército de tierra disponen sobre la manga de la guerrera de su uniforme el escudo de su unidad de destino. 
El actual emblema del ejército de tierra es relativamente reciente. Hasta la finalización de la guerra civil, se portó sobre el uniforme el símbolo de cada una de las armas: Artillería, caballería, infantería y demás, acompañado, en su caso, de la corona real.
Acabada la guerra civil, se convocó un concurso que dotara de un solo emblema a todo el ejército de tierra. El motivo que se adoptó, aunque estético, no fue, a nuestro juicio, muy acertado.
El símbolo del águila no parece el más propio de un ejército de tierra. Más parece un emblema que representa al ejército del aire. Quizá un león, si es que ha de ser un animal el que signifique a la institución, hubiera sido más acertado. En cualquier caso es una apreciación personal.
Desde inmemorial, las águilas que se dibujaron sobre escudos como motivo heráldico, en estos reinos que hoy son España, no tuvieron las alas apuntando hacia arriba,
sino hacia abajo, como el águila que portaba el anterior escudo nacional.
Quizá no fuera descabellado ir sopesando la posibilidad de renovar la simbología y adoptar una nueva figura que significara con más acierto al ejército de tierra español.
Se trata, obviando los adornos exteriores, de las armas de la nación, que son las mismas que usa el rey, y solo el rey, como máximo representante del reino,
si bien con el escusón dinástico dispuesto con boca correctamente diseñada. Armas cargadas de bordura que representa la serie de territorios que siguen:
El reino de Jerusalén, la cruz potenzada, cantonada de crucetas, de oro sobre plata, en contra de las leyes heráldicas;
el cuartelado en aspa de Aragón, con el águila de los Hohenstaufen, que significan el reino de Dos Sicilias;
la banda de plata, en campo de gules, de los Habsburgo que sirvió como motivo para el diseño de la bandera de la actual Austria;
las armas modernas del ducado soberano de Borgoña;
los roeles que sirven como armas a los Médicis que, como soberanos de Toscana, identifican a aquel reino extinguido por ocupación militar;
las armas del principado de Brabante, el león rampante de oro en campo de sable;
las armas del condado soberano del Tirol;
las armas del reino de Flandes, inversas de aquellas de Brabante;
las armas antiguas del ducado soberano de Borgoña
y las armas de la casa de Farnesio, como monarcas del ducado soberano de Parma.
Se trata de una adaptación de las armas que usó el antepasado del conde de Barcelona, el rey don Carlos III.
En la red se han encontrado, no obstante, sin conocer la autoría del dibujo, otras armas atribuidas a don Juan de Borbón. Se trata de las descritas más arriba, cargadas de un lambel de plata, de tres pendientes, con el cuartelado de las armas de la ciudad de Barcelona,
cargadas sobre el pendiente central. Armas que nunca usó don Juan de Borbón, el conde de Barcelona.
Siendo hija de príncipe de Asturias, el
Recientemente hemos tenido noticia de las armas que se han diseñado para la doña Leonor por un justamente afamado heraldista. Se trata de un escudo en losange que representa las armas de España, sin brisura de ningún tipo, timbradas con corona de infante y acoladas unas palmas anudadas por un lazo de azur.
si su propio padre, el príncipe, no tomó tales armas,
respetando el principio que establece que solo el rey debe ostentar las armas del reino.
Nuestra opinión, tan válida como cualquier otra, es que las armas de la infanta doña Leonor deberían brisarse con lambel, con cualquier otro mueble o con la alteración de los esmaltes del escudo nacional.








