lunes, 7 de noviembre de 2011

FÓRMULA DE COMPUESTO QUÍMICO

Leo unas dos horas y media al día. Sí, teniendo en cuanta que un adulto permanece despierto dieciséis horas es mucho. Me puedo permitir tal exceso merced a dos factores: Por un lado, el combustible ha alcanzado precios prohibitivos para un militar de empleo medio y en consecuencia utilizo para acudir a mi trabajo esa gran sala de lectura móvil que son los autobuses públicos, (hora y cuarto en un sentido y otro tanto de vuelta) y por otro lado mi mujer, que aparte del humor como rasgo más sobresaliente de su personalidad posee un gran sentido de la practicidad, tuvo el particular acierto de regalarme un libro electrónico.
Acabo de terminar El sabueso de los Baskerville. Efectivamente, improbable lector, de sir Arthur Connan Doyle. Me ha parecido bastante lento. A ratos tedioso. Demasiado abundante en descripciones que no eran necesarias para el desarrollo de la trama. Y es que un compañero de armas me recomendó la lectura de la serie completa de nueve libros del personaje de Sherlock Holmes. Pero hice mal en comenzar por la mitad. Me enfrenté a Las Aventuras de Sherlock Holmes hace un mes. Muchísimo más ágil que El sabueso ha hecho que abandone la intención de concluir la lectura de la serie completa.
Uno de los mitos en torno al personaje de Sherlock es aquel que establece que, a pesar de su grandísima capacidad deductiva, desconocía por completo nociones tan evidentes como que la tierra era la que giraba alrededor del sol y no al revés. Y es verdad. Lo he leído yo mismo en una carta que el doctor Watson dirige a Holmes en El sabueso. Doctor Watson que, me ha sorprendido, a pesar de sus largos estudios médicos, de su alto empleo militar y de sus actuaciones como médico de campaña en Afganistán se define a sí mismo ante sir Henry, el baronet Baskerville, como plebeyo. Pero… me voy por las ramas.
Decía que Holmes desconocía algo tan primario como la dinámica del movimiento de los planetas y del sistema solar en su conjunto. A pesar de ello sus deducciones en la resolución de los más difíciles casos son, cuanto menos, brillantes. Y es que el personaje de Sherlock, ignorante en muchas materias comunes, es aficionado a distintas facetas que se revelan muy necesarias para su habilidad deductiva. Una de ellas es la química. De hecho, según redacta el doctor Watson, el detective privado realiza experimentos basados en la adición de nuevos ingredientes a las formulaciones químicas más comunes.

Toda esta tediosa exposición quiere conducir precisamente al recuerdo de las formulaciones químicas. Y a partir de aquí robo a mi amigo don Xavi Garcia diseño e idea. La química, aparentemente tan alejada de la heráldica, es capaz de ser manifestada a través de esta.

Don Joan Oró i Florensa, un investigador catalán de renombre internacional, sintetizó la adenina, uno de los componentes del ADN. En justo premio a su vida laboral recibió el veintitrés de junio de 2003 el marquesado de Oró, según explicaba el decreto de concesión por su constante dedicación al mundo científico, puesta de manifiesto a través de sus numerosos trabajos de investigación que ha contribuido de manera notable a mejorar el conocimiento sobre el origen de la vida.

Las armas que escogiera, diseñadas por don Armand de Fluvià y representadas por don Xavi Garcia, incluyen en su segundo cuartel la fórmula química del compuesto adenina:
En azur, cinco átomos de hidrógeno, cinco de nitrógeno y cinco de carbono de plata. Los enlaces de sable.

La heráldica, improbable lector, se adapta a los tiempos manteniendo su vigencia.

domingo, 6 de noviembre de 2011

¿DOS PRIMADOS?

Hoy me había permitido no escribir nada en absoluto, pero un par de recados electrónicos, uno de ellos a través de móvil, que las ciencias avanzan que es una barbaridad, remitidos por un muy soberbio sacerdote catalán, perdón por la redundancia, me empujan a reponer una antiquísima entrada:

El sistema de determinación de categorías en el ámbito de la heráldica eclesiástica es bien conocido. Se basa en el número y color de las borlas que penden de la prenda de cabeza, el capelo, que aún gastan los eclesiásticos más distinguidos.Así, los cardenales usan un capelo de gules del que cuelgan quince borlas por lado, dispuestas en cinco órdenes.Los arzobispos capelo y borlas de sinople, con diez borlas por lado dispuestas en cuatro órdenes.Los obispos, igual que los anteriores, pero en tres órdenes.Los monseñores capelo y borlas de púrpura, tres por lado, dispuestas en dos órdenes.Los miembros de los cabildos catedralicios capelo y borlas de sable en dos órdenes.Los sacerdotes capelo y borlas de sable con una borla por lado.Los diáconos, por fin, y sin normativa específica al respecto, sino atendiendo a la práctica iniciada por el heraldista italiano Marco Foppoli, capelo de sable del que no penden borlas.Este ingenioso sistema de determinación de las diferentes categorías eclesiásticas admite un número muy elevado de excepciones que lo hacen muy interesante para los amigos de estudiar los casos heráldicos extraños. Entre las excepciones existe una que es bien conocida. Se trata de aquellos prelados, al menos arzobispos, que son primados de una nación o patriarcas de una antiquísima sede definida como tal.La figura del primado proviene de antiguo. Se asocia a la sede que por su mayor antigüedad e importancia pasada se considera primera entre iguales, prima inter pares. En España la sede primada es la de Toledo. Toledo fue cuna de la primigenia comunidad de primerísimos judíos convertidos al cristianismo. Toledo fue capital del reino visigodo y para la Iglesia sigue siendo la sede principal de España.Quien ocupa una sede primada añade una fila de borlas, un quinto orden, pero mantiene el color sinople si no es cardenal. Así el primado de España en funciones, monseñor José Antonio cardenal Cañizares, durante los años previos a ser creado cardenal ha usado por armas las siguientes: El capelo de sinople se acompaña, como ha comprobado, improbable lector, de cinco órdenes de borlas de lo mismo, distintivo de su condición de primado.

Habitualmente las naciones con presencia católica suficiente cuentan con primado. Pero como en todo el entramado eclesial existen significativas excepciones: En Suiza, nación tradicionalmente muy regionalista no existe primado para no ofender al resto de regiones. En Irlanda el primado se encuentra en la parte norte de la isla, ocupada por el ejército inglés. Y en España, un sacerdote miembro de una prelatura del Opus Dei, tan cuidadosa con los temas heráldicos, ha incumplido las disposiciones que sobre la materia siguen vigentes.Monseñor Pujol, arzobispo de Tarragona, cuyas no muy acertadas armas, un rarísimo cuartelado en curva, desdicen de su pertenencia a la prelatura del Opus Dei, ha timbrado sus armas con el capelo propio de un primado o de un patriarca, sin haber recibido tal nombramiento.Parece que la barca de Pedro, nuestra querida Iglesia, que en tiempos del general Franco se escoraba hacia una posición centralista, hoy se escora hacia el costado contrario, siendo más bien centrífuga, al menos en varias regiones españolas, como Vascongadas y principado de Cataluña. Así, con la aquiescencia, por silencio, del nuncio apostólico, el arzobispo Pujol ha adoptado el timbre propio de los prelados que son primados en una nación soberana, sin serlo. No conocemos otro caso en toda la cristiandad.

Para concluir se exponen las elegantes armas adoptadas por el conjunto de prelados de las diócesis de la región española denominada principado de Cataluña que se han agrupado en una supuesta conferencia episcopal tarraconense.

sábado, 5 de noviembre de 2011

APORTACIÓN EN TORNO A UNA EXPOSICIÓN

EXPOSICIÓN HERÁLDICA

Por el barón de Sórvigo
Heraldista


Mi muy querido amigo:

Leo esta mañana una noticia de lo más chocante: una limpiadora de un museo alemán ha destrozado una obra de arte contemporáneo a base de estropajo. La tal obra de arte consiste en una estructura de madera –como un andamio-, manchada de goterones de pintura –como un andamio-, y con un coste económico de unos 800.000 euros de vellón –como un andamio del tamaño del Palacio Real, vamos-. No me extraña que la buena señora pensase que se trataba de un andamio y, cumpliendo con las órdenes recibidas, quisiese dejarlo limpio como una patena.
Hace pocos años ocurrió algo similar en un museo inglés: se inauguraba una exposición de arte moderno, y, tras la velada, la señora de la limpieza procedió a retirar una inusitada cantidad de basura del suelo. “¡Qué gente más guarra!” debió de pensar. Pero no, la basura que estaba recogiendo no era tal basura. Se trataba de una “instalación” de uno de los geniales autores concurrentes a la muestra. Aquí la cosa tuvo aún más gracia. Preguntada por la prensa, la señora de la limpieza no tuvo reparo en contestar algo así como: “Miren ustedes: yo de arte no entiendo nada, pero de basura sé mucho. Y estoy segura de que lo que he recogido es basura.”
Por mi parte, confesaré que en materia de arte soy como las mentadas señoras de la limpieza. Me considero de un tradicional que espanta. Me encantan las escuelas clásicas, los grandes maestros, los verdaderos artistas de todas las épocas, y hasta los humildes trabajos artesanales hechos con amor y dedicación. En materia de música he pateado más de una ruidera sinfónica (si es que se puede llamar “sinfónico” a un mix de gañidos desafinados), y hace algunos años me tuvieron que llamar la atención en un Museo de Arte Contemporáneo por tomarme a broma una exposición de algún escultor de campanillas que no tengo interés alguno en recordar. Y en muchos certámenes hubiera votado por dar el premio al paragüero del hall.
Te cuento todo esto porque, a pesar de ello, quiero ponerte en conocimiento de una singular exposición que se ha inaugurado en la ciudad de Cáceres el pasado día 3 de noviembre.
Se trata de una curiosa iniciativa consistente en proponer a veintitantos artistas locales que interpreten a su estilo otros tantos escudos del municipio. Por lo que puede verse en las fotos que te mando, el resultado es de lo más desigual: al fin y al cabo, en la nómina de artistas invitados hay desde pintores hasta grafiteros (sí, sí: hoy a pintar en una fachada se le llama arte; en otras épocas más decentes al que pintaba en las paredes lo menos que se le espetaba era un “¡menudo fresco!”).


Comprenderás que estas obras no me inspiran en exceso y doy por descontado que muchos lectores pondrán el grito en el cielo con semejantes atrevimientos. Pero creo que también podemos hacer otra reflexión de diferente naturaleza: quienes pretendemos que la heráldica es una ciencia viva ¿no deberíamos congratularnos de que blasones y armerías sigan dando fe de su existencia, en este caso como inopinados modelos para las artes plásticas?

Recibe un muy cordial saludo:

El barón de Sórvigo

viernes, 4 de noviembre de 2011

TARDE DE TERTULIA

Redacto estas líneas deprisa, entrada ya la noche, apurando los últimos tragos de un buen vino de La Mancha que me he reservado para después de la tardía cena. Reflexionando sobre la extensa jornada me doy cuenta de que he cumplido, egoístamente, el axioma que ahora prima en filosofía. Me lo contaba mi prima, doña María Teresa Carrión Muñiz, vizcondesa de Real Filosofía en el reino del Maestrazgo: Aristóteles y sus categorías nos hicieron creer que el hombre busca incesantemente la felicidad. La psicología, en la que parece hoy apoyarse la más moderna tendencia filosófica, demuestra que no. El hombre no busca la felicidad, busca el placer. Y busca el placer, qué verdad más grande, aún a costa de la felicidad. (Piense improbable lector en quien come sin medida, entregado al placer de la gula, padeciendo después graves remordimientos a consecuencia del sobrepeso).

Hoy, escribo la noche del jueves tres de noviembre, salvando el tedio de una monótona obligación laboral que abarca la mañana, he dedicado la tarde a la búsqueda de ese placer intelectual que nos recuerda la moderna filosofía, en el área que más me interesa. Efectivamente, sagaz e improbable lector, me refiero a que he podido intercambiar opiniones sobre el conjunto de ciencias heroicas con los maestros.

Convocados por el anuncio, fallido a última hora, de la visita a Madrid de don Javier de Cruïlles, hemos celebrado tertulia heráldica a eso de las tres del mediodía. El marqués de Utrera, el barón de Sórvigo, el señor de Sabiote, monseñor Habanos y quien redacta. Como siempre brillante, educativa y amena charla. Un placer para el intelecto.

Sobremesa con copas en el bar de al lado. Larga y bien regada tormenta de deslumbrantes e hilarantes ideas sobre un proyecto heráldico conjunto. Otro placer para la mente.

A la hora de la cita, anunciada días atrás, urgente trayecto hasta la sede del Colegio heráldico de España y de las Indias, en la calle Serrano, que no tenía el honor de haber visitado. Recibimiento inesperadamente cordial por parte de las distinguidas autoridades heráldicas que allí se encontraban: El maestro don José María de Montells, el marqués de Casa Real, don Juan de Ranea, el maestro don Fernando del Arco y el profesor don Florentino Antón Reglero. Regalo para mis oídos de variados cumplidos sobre la bondad del tedioso blog que está leyendo, improbable lector. Otro inmerecido placer.

La convocatoria anunciaba la presentación del libro del maestro Montells sobre la caballería de san Lázaro a cargo del profesor don Daniel García Riol, conde de las Órdenes del Trono, en el reino del Maestrazgo. Una muy preparada conferencia sobre la bondad, sobre la vigencia permanente de los valores que inflaman la caballería, no solo de la religión de san Lázaro, sino del conjunto de órdenes. Una disertación de veras brillante. Otro placer intelectual más.

El posterior debate, breve, sobre la legitimidad de la corporación lazarista, ha puesto de manifiesto, tanto a través del maestro Montells como del marqués de Almazán, el acatamiento de la religión católica por parte de sus miembros, con una declaración de fe expresamente pronunciada, a pesar del admitido carácter ecuménico que recorre la hermandad. Un nuevo placer intelectual.

Y por fin, concluidos los actos, cervezas y tortilla en el bar de al lado del Colegio heráldico departiendo en animado coloquio con el marqués de Almazán, don Juan de Ranea junto a su distinguida esposa, doña Maria Rosa Rodrigo y algunos invitados más. El último de la larga cadena de placeres intelectuales.

Como expresaba más arriba, una tarde dedicada en exclusiva a la búsqueda del placer intelectual, cumpliendo el axioma de la nueva corriente filosófica. Y ahondando en el mismo, al llegar a casa tarde, a medio cenar, cansado y sin paraguas bajo una noche lluviosa, la sensación de haber buscado el placer aún a costa de la felicidad.

ENLACE SOBRE LA AMAPOLA INGLESA EN CANADÁ

Mi respetado Comandante:

En relación con el debate recientemente suscitado en su nada tedioso blog sobre rosas dinásticas y amapolas conmemorativas, me permito adjuntar, a modo de curiosidad, un enlace a una representación heráldica, sobria y elegante, de la amapola de marras: la que figura en la encomienda del Ministerio de Veteranos (Minister of Veterans Affairs) del Gobierno canadiense:


(Admirable país el que dedica todo un Ministerio a sus veteranos…)
Un cordial saludo y a sus órdenes,

José Ramón García

jueves, 3 de noviembre de 2011

EL DÍA DEL RECUERDO A LOS CAÍDOS, EN INGLATERRA

Cuando en noviembre de 1918 se firmó el armisticio que puso fin a la primera guerra mundial, las tropas prusianas no acabaron de entender una rendición de esa naturaleza. Todas las fuerzas alemanas en conflicto luchaban más allá de las fronteras establecidas antes de iniciarse la guerra. Alemania no solo no había perdido territorio alguno hasta 1918, sino que, al contrario, ocupaba una buena parte de los países vecinos.
No obstante, las naciones vencedoras quisieron, faltando a la verdad, demostrar al mundo que habían alcanzado una gran victoria militar. Victoria inexistente atendiendo a la ocupación de territorios enemigos por parte del imperio alemán. En fin, así se escribe la historia.
Se han recibido decenas de mensajes sobre el asunto de las flores que lucen en sus gorras militares los miembros de la familia real inglesa.
Flores que, lejos de representar la rosa dinástica de los Tudor, como yo mismo creía,
resultan ser remedos de las amapolas que los soldados ingleses conocieron en el suelo francés en que lucharon durante la primera guerra mundial.
Hoy, sirven para rememorar a los caídos en combate,
precisamente en la fecha en la que una Alemania que  ganaba la guerra por puntos decidió concluir el conflicto por cuestiones de índole política.
Añado algunos de los mensajes recibidos, legión, que aclaran la cuestión de las flores sobre las prendas de cabeza de los uniformes militares ingleses:

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Mensaje de don José Garrido desde Irlanda:

Estimado don José Juan:

Como siempre sigo atento a sus muy interesantes entradas de blog y hoy descubro un detalle al que quizá pueda contribuir. Llevo 10 años viviendo en Irlanda y muy de mi grado me he ido familiarizando con los símbolos y emblemas de estas tierras. Uno de ellos constituye la entrada de hoy, el "poppy" o amapola que vd moteja como "una señal propia de la dinastía reinante".

En realidad se trata de un tributo a los veteranos de la Primera Guerra Mundial que regresaban a sus casas con amapolas de los campos de Francia como recuerdo de la tierra donde combatieron y dejaron sepultados a sus camaradas. En virtud de tal, y en torno al 11 de noviembre, día del armisticio, aún hoy se venden los "poppies" de plástico que llevan los militares de su entrada como medio de recaudar fondos para los veteranos de guerra.

En el caso de Irlanda, este símbolo es además motivo de agria polémica entre los que quieren seguir siendo fieles a sus muertos, aunque murieran combatiendo en el ejército británico y los nacionalistas a ultranza que, por este mismo motivo, los consideran traidores a la causa de la libertad de Irlanda y a los "poppies", por tanto, como un símbolo más de la aborrecida dominación británica.

Sin más y esperando haber sido de utilidad me despido atentamente.

José Garrido
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Un compañero de armas, don Francisco Miguel Virgil Martos, remite un extenso y documentado aporte sobre el asunto:

Estimado Comandante Carrión:

En primer lugar, quisiera darle la enhorabuena por su blog, que para algunos podría tratar un tema aburrido, caduco o árido, pero para los que (aún) nos interesa la Historia es una fuente de información inapreciable (en el sentido de "no tener precio").

Procedo a presentarme: resulta que por esas casualidades de la vida también soy miembro del Ejército del Aire. (...) He intentado aprovechar mi tiempo (15 años de servicio, cómo pasan...) para hacer otras cosas; entre ellas tuve el placer de poder asistir a los cursos de Vexilología (2005) y Heráldica (2010) del IHCM, intentar dominar otras lenguas (la de Shakespeare al menos), y padecer de una profunda bibliomanía, que hacen que devore cuanto (a mi modesto entender) buen libro se pone a mi alcance.

Ahora, paso al motivo de este correo. Ayer pude leer el artículo del "asunto" en su "bitácora", y creo que cometió una pequeña confusión, no en la afirmación de que los ingleses puedan ser un tanto excéntricos llevado flores en los uniformes, sino en su significado, y me explico: es posible que en las fotografías que acompañan al artículo, las flores puedan ser tomadas (sobre todo al primer golpe de vista) por rosas, y usted las haya asimilado por la rosa de los Tudor, que aún hoy en día se usa como símbolo de Inglaterra.
(Disculpe el uso del artículo en inglés, pero es más completo que el español)

En realidad son amapolas, y es muy posible que esas fotos fueran tomadas durante un acto en homenaje a los caídos (británicos o de algún otro país de la Commonwealth), muy probablemente durante el "Remembrance Day" (Día del Recuerdo), que se celebra el 11 de noviembre (dia del Armisticio que puso fin a la I Guerra Mundial en 1918).

Durante ese día las calles están sembradas de amapolas, para recordar a los que no volvieron, se realizan actos por todo el país y también la gente se las prende en su vestimenta, incluso en los uniformes.

Si bien nos puede parecer un tanto excéntrico, a mi modesto entender me parece una hermosa manera de recordar a los que hicieron el mayor sacrificio posible por su país, algo que deberíamos aprender aquí, donde por desgracia maltratamos tanto nuestra (larga y fructífera) historia. Le podría contar anécdotas al respecto, pero creo que con esto ya es suficiente.

Fco. Miguel Virgil Martos

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Don Ignacio Arbesú, hermano de hábito en la hermandad de caballeros de san Fernando me remite un interesante y poético texto que añado a continuación:

Querido José Juan.

En tu magnífico blog, del que me declaro más que probable y diario lector, hiciste un comentario acerca de la exhibición, en la prenda de cabeza, de una flor, lucida, parece que en formación por un oficial británico.

Desconozco lo apropiado de lucir en tan singular lugar esa flor, pero seguro que es correcta.

Gran Bretaña es un país lleno de tradiciones, cosa que me genera una sana envidia, y esa amapola (llamada poppy por los británicos) representa el símbolo del Remembrance Day, que honra a los caídos británicos y de todos los países de la Commonwealth participantes en la I Guerra Mundial.

Se dice que en los campos de Flandes las amapolas florecían al avance de los soldados, y otras amapolas surgían, también en gran número, de los cuerpos de los combatientes.

Un oficial canadiense escribió este poema que describe bien la situación:

En los campos de Flandes las amapolas se mecen
entre las cruces, fila en fila,
que marcan nuestro lugar; y en el cielo.
Las alondras, lanzando aún su valiente grito, vuelan
sin que nadie las sienta aquí entre los cañones

Somos los muertos. Pocos días antes
vivimos, sentimos el amanecer, vimos crepúsculos rojizos,
amamos, y fuimos amados, y ahora yacemos
en los campos de Flandes.

Resume nuestra lucha con el enemigo
de nuestras inertes manos te lanzamos
la antorcha; es tu tarea mantenerla bien alta.
Si nos traicionas a nosotros que perdimos la vida
nunca descansaremos, aunque las amapolas crezcan
en los campos de Flandes.

Tcol. John McCrae, ejército canadiense
Primavera de 1915
(La traducción no es mía, pero cualquiera puede buscar el original en internet)

El Remembrance Day se commemora el 11 de Noviembre. Día 11, del mes 11, a las 11 horas. Momento de la firma del armisticio de 1918.

Recibe un fuerte abrazo.

Nacho Arbesú.

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Don Carlos Navarro también tiene la deferencia de remitir un aporte sobre la cuestión:

Estimado José Juan:

Leo tu entrada de ayer acerca de la flor que portan en sus uniformes en la imagen que adjuntas algunos miembros de la familia real británica. Aunque efectivamente la apariencia resulta algo ridícula, el uso de la dichosa florecilla tiene una explicación: se trata de la conmemoración del día de la Amapola, celebrado en el Aniversario del Armisticio de la Primera Guerra Mundial, en recuerdo de las bajas de militares y civiles acaecidas entre los aliados , y en especial entre súbditos de la Commonwealth y sobre todo del Reino Unido durante de la Primera Guerra Mundial. Al parecer fue idea del Rey Jorge V, y la tradición exige en los países de la Commonwealth que a las 11 horas del día 11 de noviembre se respeten dos minutos de silencio. Ya unas semanas antes, comienzan a verse prendidas en la ropa y simbolizan la sangre derramada en algunos de los más cruentos campos de batalla de Flandes. Al parecer las fabrica una empresa creada para dar trabajo a veteranos y heridos de guerra.

Por mi parte, creo que estas cosas no sólo no deben parecernos graciosas –una vez conocidas, claro está-, sino que incluso deberían servir de ejemplo, con algo de sana envidia, en un país como el nuestro, en el que hasta nuestros símbolos nacionales son ocultados o perseguidos.

Un cordial saludo,

Carlos Navarro.

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Don Juan A. Montero Pérez, añade un interesante enlace a su texto:

Estimado,

la flor que porta el Duque de Edimburgo, y otros, es una amapola. No es símbolo de la dinastía, ni de los reinos británicos, sino de la Gran Guerra. Más abajo le dejo un enlace:

Saludos
Atte.,
Juan A. Montero Pérez

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Desde California, don Luis Cid remite el siguiente texto:

Estimado Don José:

En su entrada de martes 1 de noviembre titulada "Costumbres" cuestiona la costumbre inglesa de llevar una flor sobre el uniforme de un militar, suponiendo que esa flor era una representación de la dinastía reinante.

Resulta que la flor colorada que expone en la imagen de miembros de la familia real británica es la flor que representa el recuerdo y pésame nacional para los caídos por la patria. Es una costumbre llevar la flor de memoria a los caídos tanto por civiles como militares en ceremonias publicas en honor a los caídos en el Reino Unido.

Saludos de San Francisco de California,

Luis Cid Martin

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Y por fin, se expone un último recado, de don Matthew Hovious, que establece algún detalle más sobre el asunto:

Estimado Comandante Carrión:

Tan sólo quería puntualizar que la florecita que usted cita como "símbolo de la dinastía reinante" y sugiere que es inapropiado en el uniforme de un militar en su blog de ayer, no es ni una cosa ni otra. De hecho, se trata del símbolo de haber realizado un aporte (como las muy castizas banderitas del Domund) al Poppy Appeal de la Royal British Legion, caridad que recauda fondos para veteranos heridos de guerra y con otras secuelas de combate, y que está - como su nombre indica - bajo el patronazgo de Su Graciosa Majestad la Reina Isabel II.

La flor simboliza las amapolas que brotaron en el campo tras una especialmente sangrienta batalla de la Primera Guerra Mundial. La campaña se hace cada año en las semanas anteriores al día del armisticio (11 de noviembre) y no es, pues, inusual verlas en estos días en los ojales de militares y de civiles; como por ejemplo en el de un servidor que acaba de regresar de Londres, donde la campaña anual ya está en pleno desarrollo.

Atentamente,

Matthew Hovious

miércoles, 2 de noviembre de 2011

BUEN GUSTO

No he tenido tiempo de escribir hoy, improbable lector, así que siguiendo el caso que nos mostraba ayer mismo don Fernando Martínez Larrañaga en su excelente blog, añado otro ejemplo que demuestra que es posible alimentarse de heráldica, no solo intelectualmente, sino en sentido estricto.
El obispo Blinzer, de la diócesis de Cincinnati, en Estados Unidos, ostenta las armas que preceden. Y la imagen que concluye esta efímera entrada expone una tarta de cumpleaños que, decorada con las armas del prelado, manifiesta el buen gusto del obrador encargado de su elaboración.

martes, 1 de noviembre de 2011

CONVOCATORIA PARA EL JUEVES

No haga planes para pasado mañana tarde, improbable lector. Recuerde que existen programados una serie de actos para el jueves tres de noviembre: Apertura del curso académico del Colegio heráldico de España y de las Indias; presentación del libro del maestro Montells, La cruz de sinople; y debate sobre la legitimidad de la orden de san Lázaro, al que concurrirán el máximo representante y otros destacados miembros y medallas de honor de la misma.
El detalle de la inexcusable cita se puede releer pulsando sobre el siguiente enlace:
http://blogdeheraldica.blogspot.com/2011/10/apertura-de-curso-presentacion-de-libro.html