martes, 15 de marzo de 2011

SÓRVIGO ENTRA EN LA POLÉMICA

EN TORNO A LA RECIENTE POLÉMICA SOBRE LAS ARMAS DEL I MARQUÉS DE DEL BOSQUE

Por el barón de Sórvigo
Heraldista


Mi muy querido amigo:

Interesante polémica la que acaba de suscitarse en tu fecundo blog, con las propuestas de armas para el I Marqués de Del Bosque, para quien yo habría escogido otro título, algo así como Marqués de la Selección Nacional, rememorando antiguos títulos descriptivos de méritos, tales como el de Marqués de la Real Defensa (que tampoco habría sido manco en términos futbolísticos, si no fuera porque ya lo concedió Carlos III), Conde de la Reunión de Cuba, Marqués del Real Transporte, o Barón de la Gracia Real.

Esta polémica me va a permitir la ocasión de devolver a D. Fernando del Arco el saludo que tan cordialmente me brindó en su colaboración del pasado día 25 de febrero. Siempre resulta gratificante que una persona de tanto magisterio en esta ciencia repare en las cuatro líneas que pueda escribir un diletante como yo, y me honre dignándose a escoliar mis comentarios con su probada erudición.

Volviendo al tema de la polémica armera, desearía salir al quite de D. Xavier García, cuyo comentario no me parece tan reprobable como han entendido los Sres. Fernando del Arco y Florentino Antón Reglero. Tal vez los términos no sean afortunados, y en especial la referencia a que a la propuesta del Sr. del Arco "quizá le falta personalidad". Entiendo que con ello quiso decir que el blasón propuesto carece de elementos que identifiquen a su titular en el plano personal, bien como individuo, bien desde la perspectiva de su linaje. O sea, que le faltan elementos referentes a la persona del homenajeado, centrándose únicamente en representar la circunstancia que motiva la concesión. En ningún caso interpreto que D. Xavier García pretenda censurar el blasón ideado por el Sr. del Arco por "impersonal", lo que, en definición de la RAE, significaría "que no tiene o no manifiesta personalidad u originalidad".

Ahora bien, cumplido este trámite, voy a dar gusto al cuerpo y comentar otras cuestiones que concurren en el tema. Para empezar, debo expresar mi más rotundo acuerdo con la idea expresada por D. Florentino Antón, en el sentido de que no es bueno clasificar la heráldica en épocas de esplendor y épocas de decadencia. La historia de la heráldica es un continuo en permanente evolución, y los escudos naturalistas, de viñeta o como los queramos llamar no dejan de ser una parte de ese desarrollo, que han marcado su momento, y que tienen su importancia para comprender cómo entendían la heráldica los hombres de otras épocas. Excluirlos como apestados no puede conducir a nada nuevo.

En las Jornadas de Heráldica y Vexilología Municipales que se celebraron el año pasado, varios de los intervinientes expresaron una idea que -bien pensada- me resulta macabra: la heráldica está muerta, pues ya no conserva la prístina pureza de los siglos medievales, que es donde hay que buscar las fuentes puras de esta ciencia. Fuera de ello, todo es decadencia. Florentino Antón, defendió por el contrario que la heráldica es una ciencia viva y que no se puede renunciar a su curso vital. D. Florentino, permítame que me sume a sus filas.

Si pretendemos encasillar a la heráldica en la idea de su diseño medieval, por fuerza tendremos que rechazar todo lo que no sea un catálogo de estilizaciones simbólicas. Respeto a quien esto opine, pero sigo pensando que la realidad de la heráldica durante más de ocho siglos es una riqueza que no se debe minusvalorar. Un ejemplo clarísimo lo presenta la propuesta del Sr. García, cuya idea de sembrar de árboles el campo del escudo como representación de un bosque, pierde toda su fuerza estética debido a la elección de un desafortunado diseño de árbol, aparente adaptación del crequier francés, que, si he de ser sincero, me parece bastante espantoso.

Permítaseme por último un comentario sobre la utilización del lenguaje heráldico y su divergencia respecto de la realidad: el Sr. García propone representar el bosque como "un sembrado de árboles de sinople". ¿Ha reparado alguien que el concepto de "bosque" es lo más antagónico posible al de "sembrado"? Un sembrado de árboles será una plantación. O un vivero. O una alameda, si lo que se siembran son álamos. O un alcornocal, si lo que se siembran son corchos de botellas de Rioja. Pero un bosque no se siembra: sale solo y sin ayuda de nadie. Así que me parece un contrasentido que haya que hablar de un "sembrado" para representar un "bosque". A menos que los planes de ordenación de los recursos naturales de las comunidades autónomas hayan llegado al extremo de cambiar de sitio los árboles de los bosques para colocarlos en hileras, que todo puede ser.

Un muy cordial saludo:
El Barón de Sórvigo