jueves, 23 de agosto de 2007

ARMAS DEL OBISPADO Y DEL OBISPO DE ESTOCOLMO

El obispado de Estocolmo, que lo es de toda Suecia, trae por armas las que se añaden posteriormente. Escuetas, simbolizando incluso la nación sueca. No solo la ciudad que da nombre a la diócesis. Muy bien diseñadas.
Además, mantiene el timbre de la mitra episcopal, que debe usarse solamente para escudos de diócesis, no de personas. Los religiosos deben usar el capelo, el sombrero de peregrino con sus borlas. Añado bajo estas líneas el escudo del actual titular del obispado, que ha cuartelado sus propias armas con las de su diócesis.

jueves, 16 de agosto de 2007

BRUNO BERNARD HEIM

El dibujo que acompaña estas líneas es el que representa las armas de los cuatro últimos papas fallecidos: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II.Fue un solo individuo quien diseñó los cuatro. Y murió solo dos años antes que Juan Pablo II, con lo que casi hubiera podido diseñar otro mas. De hecho, entrevistado por un periodista en el año 2002 sobre el asunto, dijo que esperaba diseñar un quinto escudo papal. Se trata del individuo que aparece en la fotografía siguiente:
Se llamó, mientras caminó por el mundo, Bruno Bernard Heim. Nació en 1911, en Olten (Suiza), donde falleció en marzo de 2003. Ordenado sacerdote en su diócesis natal fue al terminar la segunda guerra mundial destinado a estudiar en una universidad de Roma. De allí dio el salto a la escuela diplomática vaticana. Su primer destino, en Francia, fue como secretario del nuncio apostólico de la santa sede en aquel país: Angelo Roncalli, el futuro papa Juan XXIII.
Cuando fue elegido papa, el cardenal Roncalli se acordó de aquel suizo que sabía mucho de heráldica y le pidió que diseñara su escudo papal. Además, le sugirió que estableciera las bases para crear en el Estado Vaticano una oficina para regular la heráldica eclesiástica. El gran error de la vida de monseñor Heim, fue responder al santo padre que esa oficina no podía crearse porque "no debía regularse el buen gusto".El sacerdote Heim, tras varios destinos por Europa, donde aprendió aún más de heráldica, alcanzó el rango episcopal, siendo ordenado arzobispo titular de Xanthús.Su gran destino fue la nunciatura de Gran Bretaña. Allí conoció e intimó, en el buen sentido, con la reina madre. Parece que compartían el mismo buen gusto por la ginebra. Pero chocó con Juan Pablo II. Y chocó por un motivo heráldico. Lo contaré en otra ocasión.

miércoles, 15 de agosto de 2007

EL SELLO DE LA OBRA EN EL ESCORIAL

Es seguro que alguno más se ha dado cuenta del detalle. En la foto que precede estas lineas, que ya se añadió a un mensaje anterior, aparece el sello del Opus Dei. No es el que se ve mas claro que el resto de la foto. Está situado en la esquina superior izquierda de la foto. En la reja que adorna el arco de la entrada central a la basílica del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Y acto seguido viene a la mente la duda. Duda académica, que no duda teológica. Esa reja lleva ahí casi cinco siglos. Consecuentemente, el fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá de Balaguer, pudo ver y a buen seguro vio, ese adorno en la reja, antes del catorce de febrero de 1943. Ese día, al salir de celebrar una misa, dibujó en la hoja del día de su agenda, un círculo con la cruz dentro. La cruz tenía el travesaño horizontal muy elevado. Explicó que se le había sugerido dicho emblema por la divinidad. Además, en esa misma inspiración divina, se le aclaró la forma de incorporar sacerdotes al Opus Dei. Y la duda que surge es evidente: ¿Se inspiró en ese adorno de la reja para crear el sello de la Obra? Quizá de forma inconsciente así ocurrió. Lo había visto en más de una ocasión y pudo no reparar en él. Pero su subconsciente sí lo había asimilado. El Espíritu Santo utiliza los medios que le vienen en gana. Sería interesante que algún estudioso de la vida del fundador, aclarara si pasó por el monasterio, en los días previos a aquel catorce de febrero. Además, parece que ese sello no era el que inicialmente fue meditado por el santo fundador como emblema, como señal gráfica para la Obra. No. Cuentan que inicialmente, en los primeros tiempos del Opus Dei, el fundador tenía previsto otro sello. Aquel que hoy es el de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz: Una cruz griega flechada. Con los extremos de los brazos de la cruz en forma de punta de flecha.Esta información proviene de una fuente, permítaseme el término, improbable lector, apócrifa, no oficial. Y es no oficial porque quien dejó esta información por escrito abandonó el arado. Dejó la Obra. Explicó que en una reunión en la que estaba este personaje, arquitecto de profesión y de familia más que acomodada, el fundador expresó su deseo de que "en ceremonias muy privadas, los miembros del Opus Dei vistieran en el oratorio capas blancas en las que se bordaría el escudo de la Obra: una cruz roja con los extremos en forma de punta de flecha". Ese personaje que lo recuerda aporta testigos de esa revelación del fundador que estaban presentes en esa misma ocasión. Testigos que pasaron al cielo siendo miembros del Opus Dei, entre ellos el propio I prelado, don Álvaro del Portillo.
Quiero concluir sugiriendo que el fundador, hasta que no encontró la fórmula para incorporar sacerdotes al Opus Dei, creando una sociedad a la que transferir el emblema que ya no le agradaba, pero al que guardaba afecto, no quiso ver, sentirse inspirado, en la creación del nuevo emblema, del nuevo sello para el Opus Dei.
Se aporta una fotografía de la ermita de Molino Viejo que recoge ese sello de puntas de flecha que nunca se olvidó como primigenio del Opus Dei, sino que en el mismo día en que se abandonó, para preferir uno nuevo, se decidió a quien transferirlo, a la Sociedad Sacerdotal, sin perderlo, en consecuencia, para la institución.

viernes, 10 de agosto de 2007

LAS ARMAS DEL REINO


El escudo que precede estas lineas es la evolución del que creó, allá por el siglo XII, Godofredo de Bouillon, rey de Jerusalén. Y digo que es la evolución, improbable lector, porque he leído hace poco que el escudo fue realmente un sembrado de crucetas de oro con la cruz potenzada de oro brochante sobre el campo de plata. Es decir, no cuatro crucetas cantonando la cruz sino un verdadero sembrado, como los galapagos del escudo de Galapagar que expuse en una reciente ocasión.

Este reino perduró apenas doscientos años. Pero su escudo permanece. Permanece a pesar de ser lo menos heráldico que se pueda imaginar. Cualquier principiante estudioso de nuestra ciencia podrá observar que se trata de muebles de metal, de oro, sobre campo de metal, plata. Y la primera regla heráldica es que nunca se puede disponer metal sobre metal, ni color sobre color.

El escudo, no obstante, ha perdurado en dos vertientes: Una muy conocida: La custodia de Tierra Santa y la orden del Santo Sepulcro. La custodia es un destacamento de frailes franciscanos que la Iglesia Católica mantiene en Tierra Santa atendiendo el rito católico en los lugares en los que se desarrolló la vida terrena de Jesús. Dicha custodia tomó por armas las del reino cristiano que hubo en el lugar, el reino cristiano de Jerusalén, pero alterando el esmalte de las cruces, que se colorearon de gules. Así, no es extraño ver el mismo escudo que encabeza estas lineas, idéntico, pero con las cruces de gules para no contravenir tan evidente principio heráldico que ya se expuso.Dicha conformación heráldica, gules sobre plata, es usada también por una de las dos únicas órdenes militares que la Iglesia Católica reconoce como emanadas de su fons honorum, como propias de su estado temporal: El Santo Sepulcro.En cuanto al otro uso que se hace de este escudo, la realidad es que resulta menos conocido, más privado, más recoleto. Se trata casi de un principio moral.

Este escudo es utilizado privadamente por aquellos que aún creen en la venida del reino del que tanto habló Jesús durante su predicación. Son esos que al empezar a trabajar dicen por el reino. El tal reino es el que deberíamos recitar todos los cristianos, al menos una vez al día, al rezar el padre nuestro: Venga a nosotros tu reino. Ese reino que anunció Jesús. Ese reino que debe ser todo caridad, todo entrega a los demás, todo preocupación por el prójimo. Ese reino, podría tener por armas las que están situadas al principio y al final de este relato.

No pocos sacerdotes mantienen este escudo en sus libros de oraciones, en sus misales, en sus agendas.. en fin, en sus cotidianos utensilios... y sobre todo en su cabeza, continuamente, al ofrecer los mil motivos de penitencia que el día nos ofrece a todos: ¡por el reino!

jueves, 9 de agosto de 2007

HERALDICA MUNICIPAL

Convendrá conmigo, improbable lector, en que la heráldica municipal es hoy una de las más fáciles de observar.Cada vez que entramos en un pueblo o en una ciudad se nos muestra con celeridad el escudo de la localidad. Para el no avezado es probable que pase desapercibido. Pero para el ávido de novedades heráldicas es fácil hacerse con nuevas vistas de escudos en cada municipio al que se accede en un recorrido cualquiera.Uno de los que más nos han sorprendido últimamente es el que adorna esta entrada. Representa el escudo de Galapagar. Se trata, sin duda, de un buen diseño: Escueto, elegante, de buen tono. Sin duda, al observar esas armas sembradas de galápagos cualquiera recordará el nombre del pueblo, un lugar de galápagos... Galapagar.

PASATIEMPO HERALDICO

Un pasatiempo heráldico, improbable lector ¿cuantos escudos es capaz de reconocer en esta composición?

ESCUDO DEL PAPA ACTUAL. BENEDICTO XVI

La imagen que precede estas lineas recoge una de las tiaras que se conservan en los museos vaticanos. Para apreciarla en todo su esplendor se recomienda, improbable lector, que pulse sobre la imagen con el botón derecho de su ratón y escoja copiar. Después, abra el programa Paint y ejecute la opción edición y pegar.

Hasta el reinado del papa Pablo VI, él mismo incluido, los papas eran coronados con toda solemnidad por el cardenal camarlengo. Baste una foto para comprender la pompa de aquellas ceremonias:Con ese acto solemne se iniciaba su pontificado. Esa tiara era utilizada de nuevo en cuantas ocasiones de mucho boato se requería.A la muerte del pontífice, sin embargo, no eran enterrados con ella, sino que se conservaba en los museos. Se les enterraba, como ahora, con una simple mitra.Esa corona servía además para identificar un escudo como propio de un papa. Se timbraba el escudo, esto es, en su parte mas alta se disponía la tiara y no había duda: El escudo era de un papa. Así se hizo desde Inocencio III, allá por el siglo XII, hasta Juan Pablo II, que murió en 2005. Sirvan como ejemplos una imagen del escudo de Juan Pablo I

y otra de su sucesor, Juan Pablo II.


Por el contrario, el escudo del actual pontífice, timbrado con mitra en vez de tiara, ha hecho que varios expertos en heráldica se indignen hasta tal extremo, que hayan pensado en pasarse a la iglesia del obispo Lefevre, que mantiene una heráldica exquisita.

El autor de las armas del actual pontífice es el príncipe de la Iglesia llamado Andrea cardenal Cordero-Lanza de Montezzemolo. De los príncipes italianos de igual apellido y título.

He aquí su escudo que, paradójicamente, sí mantiene el capelo cardenalicio, con quince borlas por cada lado, la cruz de la orden de Malta, a la que pertenece, y el color púrpura. No obstante el error, se mantiene habitualmente el escudo del actual papa timbrado con su tiara, como es de rigor. En este caso el dicho cervantino: "Doctores tiene la iglesia", parece que no se cumplió.

Como colofón se añade la foto de la actual bandera de la guardia suiza. Contiene las armas del papa fundador de dicho cuerpo armado (con lanzas, pero armado), un de la Rovere de ahí el parlante roble heráldico y las armas del papa actual, Benedicto XVI, como son de rigor. El escudo del centro del guión es el del coronel jefe de la guardia suiza.

miércoles, 8 de agosto de 2007

ESCUDO DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Fue en tiempos de un presidente de Madrid que se llamó don Joaquín Leguina, cuando se creó el escudo de la comunidad. En su momento fue muy denostado. Decían de esas estrellas que recordaban a las repúblicas soviéticas. Nada mas lejos de la realidad.

Ahondando en lo expuesto anteriormente, en relación con el escudo de la ciudad de Madrid, el de la comunidad recoge las estrellas de la osa mayor que distinguieron a Madrid, disponiendolas en jefe, en la parte superior del escudo.Dado que es la ciudad de Madrid la que da nombre a la comunidad, parece muy acertado el recoger el antiguo símbolo de la ciudad ya olvidado y relegado a una bordura exterior: Las siete estrellas. Después, la adición de los dos castillos, que simbolizan la situación geográfica entre las dos castillas, la antigua y la nueva, da al escudo un toque arcaizante, propio de la heráldica.El conjunto es armónico y resulta agradable a la vista: