jueves, 4 de febrero de 2010

CORONAS

Al hilo de la entrada en la que se exponían algunos datos relativos a la dignidad de baronet, hoy se propone la consideración de las coronas que, no solo timbran las armas, sino que verdaderamente adornan las cabezas de los nobles de aquel conjunto de reinos que la comunidad internacional denomina Gran Bretaña.Como recordará, improbable lector, Inglaterra y sus demás reinos anejos, mantienen vigente la ceremonia de coronación de su soberano. Ceremonia llena de boato y esplendor que, cuentan los expertos, es copia ampliada de la que se practicó en el reino de Aragón hasta la unión con el reino castellano.Ceremonia en la que el arzobispo de Canterbury corona la testa real, como se puede observar en múltiples direcciones de la red, y en la que los nobles se cubren, al mismo tiempo que el soberano, con las coronas propias de sus dignidades.No obstante, enlazando con la anterior entrada, únicamente los nobles que tienen la consideración de pares de Gran Bretaña se ciñen la corona, esto es, todos los títulos vigentes a excepción del de baronet, que no cuenta con corona propia.Hoy se proponen, como se decía, imágenes de las coronas con las que los nobles se tocan en la ceremonia de coronación y que difieren en buena medida de las que la nobleza española ha venido utilizando para timbrar sus armas.Así, sin entrar a considerar las coronas propias de los príncipes de la real familia, los duques de Gran Bretaña lucen la corona que sigue: Corona que se adorna con hojas de acanto similares a las que utilizan en sus armas los de nuestro país:El título británico de marqués se adorna con esta corona, que alterna las hojas de acanto con perlas de forma similar, pero no idéntica, a como lo hacen los marqueses españoles, cuya corona particular es esta:Los condes del reino unido se cubren con una corona que sí difiere con claridad de la que lucen en sus armas los españoles: Y es que la corona inglesa dispone hojas de acanto entre las elevadas perlas.

Igualmente la corona de vizconde de Gran Bretaña posee un diseño diferente de la española:Y por fin, la diferencia se hace aún más evidente al considerar el diseño de la corona propia del título de barón del Reino Unido en relación a la corona del mismo título española:

miércoles, 3 de febrero de 2010

CARTA ABIERTA DE DON JOSÉ LUIS SAMPEDRO ESCOLAR

CARTA ABIERTA A ATAVIS ET ARMIS
Por José Luis Sampedro Escolar

Una vez más, en poco tiempo, he de agradecer el interés que esa publicación demuestra para con el abajo firmante. Que una publicación como la suya, con su prestigio en los medios culturales, investigadores, nobiliaristas, académicos y universitarios, mencione a alguien en los términos que me dedica, le garantiza un lugar señero en ellos.

Veo, además, con regocijo, que, si antes se ocupaba de mí anónimamente, ahora el autor de sus comentarios no tiene rebozo en identificarse, pues en esta ocasión (nº. 20, de febrero de 2010) D. José María de Montells y Galán subscribe tales comentarios que, por otra parte, resultan menos enojosos que los de su anónimo antecesor en esa tarea y tribuna. No obstante, me califica reiteradamente de valiente, supongo que en oposición a mi adjetivación de cobarde de quien aún permanece en el anonimato, quien en aquella ocasión me acusara de plagio y de decir lo que jamás he dicho.

Como, pese a la crisis, mi vida activa funcionarial aún tiene expectativas de alargarse, y otras muchas obligaciones serias no me dejan tanto tiempo libre como al parecer goza D. José Mª. de Montells (merecido ocio después de sus servicios en las administraciones central y autonómica a las que dedicó sus desvelos), no puedo ni quiero, enzarzarme en estériles discusiones personales carentes de interés para los estudiosos de la nobiliaria. Un consejo: en una revista con nombre latino, cuiden las locuciones en esa lengua: ad pedem leterem (2ª y 3ª líneas del párrafo 2º de la segunda columna de la pág. 13) no parece errata sino novedad en su argot, siendo más correcto decir ad pedem litterae; caben igualmente ad pedem litteram o ad litteram pedem, pero “leterem” resulta chocante.

Nada de lo aportado en su exposición acerca de las vicisitudes históricas de la Orden de San Lázaro altera mi postura respecto a la misma: la Orden de San Lázaro existe en nuestros días y quedó bajo la soberanía de la Dinastía de Saboya con el nombre de Orden de los Santos Mauricio y Lázaro, y hoy es su Soberano el Duque Amadeo, contestado, como es bien sabido, por su primo Víctor Manuel. Conviene, no obstante, aclarar al lector que el que algunos descendientes de la dinastía francesa se hayan vinculado más o menos con la entidad que dice continuar la orden de San Lázaro que se mantuvo en Francia hasta el siglo XIX no quiere decir que los legítimos Jefes de la Casa de Francia den por buenas esas actitudes. Eso sería tanto como dar validez para la Dinastía capeta a otra de las varias entidades que usan el nombre de San Lázaro; me refiero a la que sigue los dictados de los Orleáns, tan descendientes de los Reyes cristianísimos como la rama de los duques de Sevilla. Imagino que D. José Mª. de Montells no se mostrará de acuerdo con la postura al respecto del autodenominado Duque de Francia y de su sobrino, Carlos Felipe de Orleáns. Aunque quizás sí, pues resulta que el difunto personaje que en los años 70 y 80 del siglo XX se tituló Volodar de Ucrania y tantas otras cosas, al que don José Mª. de Montells apoyó públicamente en su travesía a bordo de la nave de la “Orden Ecuménica de Malta”, ingresó en la “Orden de San Lázaro” de los Orleáns.

En fin, no quiero confundir más aún a los lectores auténticamente aficionados a la Historia; como todos saben, el tiempo termina siempre descubriendo a una hermosa mujer, la Verdad. Quiero finalizar resaltando que nunca me he permitido comentar las labores que realicen quienes se agrupan en la entidad a la que pertenece D. José Mª. de Montells, como tampoco he entrado a emitir juicios sobre sus actitudes personales, cosa que, sin embargo, él hace habitualmente.

Sin otro particular, les saluda agradecido José Luis Sampedro Escolar, Numerario de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía y Presidente en funciones de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria.

OPÚSCULO

An outline of heraldry, que se podría traducir como un esbozo sobre heráldica. Uno de los mejores opúsculos, no se puede llamar libro a veintitantas hojas, que he leído sobre nuestra ciencia. Profusamente ilustrado, de marcado acento británico, es obra de Robert Innes-Smith.El prólogo viene firmado por quien fuera Clarenceux rey de armas y fundador de la sociedad heráldica: el afamado heraldista John Brooke-Little cuya fotografía, ataviado con tabardo y cetro de su oficio, concluye esta efímera entrada.

martes, 2 de febrero de 2010

BARONET

El reino unido de Gran Bretaña mantiene un sistema premial de corte tradicional. Así, aquellos a los que la sociedad adeuda, por sus méritos contraídos, un especial reconocimiento son ennoblecidos con un título. Pero el título que con más frecuencia es utilizado para reconocer la especial entrega a la sociedad no es coincidente con el resto de los que en nuestra Europa se han venido utilizando: Estoy hablando del título de baronet.La nobleza británica posee, además de los títulos comunes con el resto de Europa, esta otra merced nobiliaria que no es equiparable stricto sensu con ninguna otra de las utilizadas en las sociedades civilizadas.La nobleza titulada, aparte los propios monarcas, se ha escalafonado tradicionalmente en los títulos de príncipe, duque, marqués, conde, vizconde y barón. La merced nobiliaria de baronet se sitúa por debajo de los anteriores y no comporta una nobleza equivalente, sino de categoría inferior.Este título de baronet fue creado, con ánimo recaudatorio, por el rey Jacobo I en 1611. La voluntad regia buscaba ennoblecer a aquellos hijos segundones de los terratenientes ingleses que se trasladaban a la conquistada Irlanda como colonos y obtener ingresos a través de esta concesión. Para otorgar la merced se requería, en una consideración muy mercantilista de la nobleza, la posesión de un patrimonio superior a las mil libras del momento.En el reino de Escocia, del que Jacobo I fue antes soberano, se creó el mismo título unos años más tarde, en 1625, para enviar igualmente colonos a las tierras americanas de Nueva Escocia, hoy una provincia canadiense, cuyas armas, no obstante, recuerdan aquel origen.Este título de baronet se ha otorgado con profusión desde el siglo XIX. La propia reina Victoria I de Inglaterra definió esta merced nobiliaria como “la forma de ennoblecer a la clase mediaAsí, el título de baronet se ha concedido a ilustres doctores, a abogados de renombre, a los alcaldes de Londres, a empresarios de prestigio, a afamados escritores y músicos, y a un buen número de políticos.Los baronets son reconocidos además a través de su heráldica toda vez que, desde el tiempo de su creación, venían obligados a añadir a sus armas, bien como un aumento de honor, bien en franco cuartel, o bien en un escusón, una mano de gules en campo de plata, la llamada mano sangrienta del Ulster, cuyo origen se remonta a los símbolos usados por los primeros pobladores de aquella isla.Todavía hoy, las armas de la provincia inglesa del Ulster recogen esta mano de gules:Esta merced no obstante, como se ha explicado, no comporta una nobleza equiparable a la del resto de títulos a pesar de su carácter hereditario. Así, los demás poseedores de mercedes nobiliarias gozan del privilegio de integrar la cámara de los lores en tanto que los baronets carecen de dicha capacidad.En relación a su tratamiento no anteceden a su nombre la partícula lord, como el resto de la nobleza titulada, sino la palabra sir, al igual que los caballeros de las órdenes de caballería de aquellos lares.Para terminar, reseñar que si hubiera que buscar un equivalente en estos reinos que hoy son España, la condición de naturaleza más similar sería la del hidalgo anterior a la confusión de estados de la década de los treinta del siglo XIX, cuando la administración del Estado reconocía esta dignidad.

lunes, 1 de febrero de 2010

TRES MUEBLES DE SABLE

Escribe unas líneas don Francisco José Sánchez Sánchez, Señor de Aurelys en el reino del Maestrazgo, doctor en derecho y Defensor del Vínculo y Promotor de Justicia de un tribunal eclesiástico diocesano, relativas al hilo de los tres extraños muebles de sable que tanto han dado que pensar. Las que siguen son las armas y las palabras de don Francisco:Don José Juan: un honor gracias a usted poder ver mis armas de nuevo en su blog junto con personas de tanta nobleza y dignidad, y gracias al buen hacer de don Fernando Martínez Larrañaga. Sólo un asunto en aras de la brevedad.He seguido con verdadero interés el asunto de los misteriosos muebles (potes, ollas, columnas,... o incluso ojos de cerradura que me parecen a mí). Sigo sin creerme que puedan ser las armas de un linaje particular en pie de igualdad con las del Emperador, a pesar de la evidente similitud.En mi ingenuidad, he tratado de buscar entre los escudos de los territorios que dominaba y/o títulos que ostentaba Carlos V, o incluso de los que aún hoy en día están asociados a la Corona y ostenta el Rey de España.El trabajo, con mis medios y escasos conocimientos, obviamente, me sobrepasa. He pensado que igual se trata de algún título menor (de los que se incluyen en ese largo "etcétera" que se decía tras los títulos mayores o más importantes).

He podido comprobar que son bastantes más numerosos éstos que los "mayores"... e ilustrativo de todo esto puede ser la ilustración de la que le añado el enlace:
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/33/Habsburger_Pfau_1555.jpg

Un cordial saludo,FJSS.-

domingo, 31 de enero de 2010

LA ORDEN DE CABALLERÍA: EVOLUCIÓN

Se habló en una reciente entrada del nacimiento y evolución de la orden de caballería. Allí se expuso que en torno a finales del siglo X, pero sobre todo a partir del siglo XI, grupos de jinetes armados, más o menos organizados, contingentes bélicos de entidad, recibieron la influencia de la Iglesia para organizarse en torno a un ideal superior, el representado por la pertenencia a la propia orden de caballería. Orden de caballería carente en ese periodo de sustento jurídico, de cuerpo legal, pero no por ello inexistente. Como se expuso, los caballeros tenían durante ese periodo inicial clara conciencia de pertenecer a mismo cuerpo, una misma hermandad ideal, que encarnaba esos principios morales: La orden de caballería.Es a partir de la notabilísima influencia del abad de Claraval, san Bernardo, cuando la orden de caballería comienza a abandonar ese frescor, esa espontaneidad derivada de la conciencia de hermandad ideal. La necesaria organización de los cada vez más numerosos caballeros que decidieron permanecer en Tierra Santa, tras el éxito de las primeras cruzadas, condujeron a la aparición de verdaderos cuerpos armados de caballeros. Contingentes armados que requirieron de un cuerpo legal y administrativo que los sustentara jurídicamente. San Bernardo, al redactar el elogio de la nueva milicia, al respaldar de forma inequívoca la nueva vocación de los monjes-caballeros, extravió la ideal orden de caballería para crear una nueva orden, de caballeros, pero con un cuerpo organizativo bien definido. Así, tras la adopción de reglas similares por parte de las nacientes órdenes de caballeros, no solo en Tierra Santa, sino en toda la cristiandad, la orden de caballería genérica, ideal, perdió su vigor, siendo desde entonces los caballeros, necesariamente, miembros de alguna orden definida canónica y jurídicamente como tal. Órdenes que recibieron los conocidos nombres del Hospital, del Templo, de san Lázaro, de los alemanes o teutones, de Calatrava…La evolución de esas órdenes exigió de los neófitos no solo su voluntad guerrera enmarcada en un propósito religioso ideal, sino que requirieron poco a poco prueba de nobleza. (Quizá fue al revés y resultó que la nobleza tomó como aspiración el acceso a la caballería). Nobleza en cualquier caso exigida que, a la postre, las convirtió con el devenir de los siglos en asociaciones de nobles que supieron mantener el origen primigenio de la ideal orden de caballería universal, consolidando en buena medida la común voluntad de adhesión a valores y principios superiores.Hoy la recepción en cualquiera de las órdenes de caballería que subsisten y de aquellas nuevas que se han creado con el paso del tiempo mantienen sí la tradición de la ceremonia de armar caballero como rito exigido para la recepción en las mismas. Para terminar, reseñar que incluso hoy, más que en siglos anteriores, se requiere de una dosis de religiosidad que, en buena medida, ha recreado la tradición de pertenencia a un común ideal superior.Así, el rito de armar caballero que el fraile franciscano Raimon Llull, en castellano Raimundo Lulio, estableció en su llibre de l´ordre de cavallería, no difiere excesivamente de la actual ceremonia de recepción en la práctica totalidad de las órdenes que aún subsisten.