Se han recibido varios mensajes en el correo del blog alertando sobre el posible fraude que supone la orden de san Lázaro, de la que se han apuntado algunos detalles en este espacio virtual, como la elección en capítulo de un nuevo gran maestre en la persona del marqués de Almazán, o las armas que ostenta la orden y las que han traído los diferentes maestres a lo largo de la ya secular vida de la orden.
Para reiterar nuestro convencimiento de la legitimidad de la orden de san Lázaro y de su innegable continuidad histórica, se desean proponer a su consideración, improbable lector, unas líneas que hemos tenido ocasión de leer en el número diecisiete de la revista de la orden Atavis et Armis.
Líneas que se han extraído a su vez de la revista Cuadernos de Ayala.
Se trata de un texto redactado por el director de la revista, don Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, marqués de la Floresta, rey de armas de Castilla y León.
Son estas sus palabras en relación con la orden de san Lázaro:
"Una entidad caballeresca y asistencial que está declarada de utilidad pública por el gobierno español desde hace muchos años, que ha sido recibida y distinguida por el rey de España –mi rey- y por el papa, a la que pertenecen personalidades tales como cardenales de la Iglesia, y príncipes de la categoría del zar Simeón de los búlgaros –hoy primer ministro de Bulgaria-, creo que merece, al menos, un respeto y una curiosidad intelectual. Pero en modo alguno puede despacharse el asunto con la despectiva calificación de faux ordre sin más."
Habida cuenta la autoridad profesional emanada del ejercicio de la función de rey de armas, avalada de forma indubitable por el refrendo del rey de España en varias de las certificaciones armeras que ha declarado, nos parece fuera de toda discusión la legitimidad y la validez de la continuidad histórica declarada por la orden de san Lázaro.


Para reiterar nuestro convencimiento de la legitimidad de la orden de san Lázaro y de su innegable continuidad histórica, se desean proponer a su consideración, improbable lector, unas líneas que hemos tenido ocasión de leer en el número diecisiete de la revista de la orden Atavis et Armis.
Líneas que se han extraído a su vez de la revista Cuadernos de Ayala.
Son estas sus palabras en relación con la orden de san Lázaro:
Habida cuenta la autoridad profesional emanada del ejercicio de la función de rey de armas, avalada de forma indubitable por el refrendo del rey de España en varias de las certificaciones armeras que ha declarado, nos parece fuera de toda discusión la legitimidad y la validez de la continuidad histórica declarada por la orden de san Lázaro.
A mayor abundamiento en la noticia que se expuso en este espacio virtual relativa al fallecimiento del cardenal protector de la orden religiosa, sujeto de derecho internacional, denominada Soberana orden de Malta,
hoy se propone un exhaustivo artículo biográfico de la mano del maestro don Amadeo-Martín Rey y Cabieses,
recientemente armado caballero, él mismo, de la orden de Malta.
El enlace, encuadrado en la página de la real academia de heráldica, es 
El normal desarrollo del programa del curso sobre ciencias heroicas que venimos realizando desde el mes de octubre y que aun nos ocupará hasta el mes de junio, exige que al menos una vez al mes se acuda a escuchar una conferencia. Conferencia habitualmente abierta al público que desee acudir para su recreo y solaz, toda vez que los temas escogidos abordan siempre áreas de nuestras ciencias de verdadero interés.
Si desea acudir, improbable lector, el lugar en el que se desarrollará la charla será el centro riojano de Madrid, situado en la primera planta del número veinticinco de la calle Serrano de Madrid. El portal hace esquina con la calle Hermosilla.
Don Francisco Serrano y Domínguez, Cuenca y Guevara-Vasconcellos, nació en Isla de León, hoy provincia de Cádiz, en 1810, hijo del mariscal de campo, hoy diríamos general de división, don Francisco Serrano y Cuenca, Bueno-Soto y Lara, y de doña Isabel Domínguez y Guevara-Vasconcellos, Pérez de Vargas y Alburquerque en el seno de una familia de gran tradición militar.
En 1848 viajó a la corte de los zares donde estudió a fondo su organización militar.
Poco después de su regreso, en 1850, contrajo matrimonio con su prima Antonia Domínguez y Borrell, Guevara-Vasconcellos y Lenuy, hija y heredera del teniente general Miguel María Domínguez y Guevara-Vasconcellos, Pérez de Vargas y Alburquerque, creado por Isabel II, I conde de san Antonio y de doña María Isabel Borrell y Lenuy, Lara e Iznaga.
En 1859 fue nombrado capitán general de Cuba, donde se mantuvo hasta 1862 ganando por su labor la dignidad de ser creado, a su regreso a la península, I duque de la Torre, con grandeza de España.
Merced a la dureza con la que ordenó sofocar la rebelión del Cuartel de san Gil en 1866 alcanzó la merced de ser nombrado caballero de la orden del Toisón de oro.
Participó en el complot que condujo a la revolución de 1868, durante la cual venció a las tropas leales a la reina que fuera su amante en la batalla de Alcolea.
Las nuevas cortes le nombraron regente de España con tratamiento de alteza. Una vez ocupado el trono por el rey don Amadeo I de Saboya, sopesó el nuevo monarca la posibilidad de concederle la dignidad de I príncipe de Alcolea, si bien la idea, por diferentes motivos, no se llevó a cabo.
El general Serrano se mantuvo en política durante los siguientes años, falleciendo el veinticinco de noviembre de 1885, el mismo día que fue enterrado Alfonso XII.
Se proponían en una reciente entrada las armas de la I duquesa de Franco
como una cruz de gules cantonada de cuatro lises de azur en campo de oro.
Armas que habíamos admirado, dispuestas sobre un manto de gules con forro de armiños, como es obligado entre los grandes de España, en el excelente libro del maestro Pardo de Guevara, ilustrado por el heraldista Bugallal, Manual de heráldica española.
el general anterior jefe del estado: La banda de oro engolada en dragantes que sirviera como divisa de la orden castellana del mismo nombre,
y las que doña Carmen Franco y Polo, Bahamonde y Martínez-Valdés, creada en 1975, I duquesa de Franco tomó por propias como herencia armera.
Al hilo de la reciente entrada sobre la vida, empleos militares y títulos alcanzados por el general Espartero, I príncipe de Vergara y I duque de la Victoria, hoy se propone un breve apunte que enlaza con lo anterior.
Comenzamos con la sobrina del general, designada por él sucesora de sus títulos, doña Eladia, II duquesa de la Victoria y de Morella, II condesa de Luchana, II vizcondesa de Banderas, grande de España.
Doña Eladia Fernández-Espartero y Blanco, mujer de noble corazón, amiga personal de la reina doña Victoria Eugenia de Battenberg, casó con don Cipriano Montesino y Estrada. Los hijos y herederos de este matrimonio alteraron su primer apellido para pasar a denominarse, en recuerdo del general Espartero, Montesino-Espartero, apellido que aun ostenta el actual duque la Victoria.
Fue doña Eladia dama de virtuosa vida. En recuerdo de la memoria que dejó entre las tropas españolas que participaron en la guerra de África, por su abnegación, altruismo y dedicación para con los heridos de guerra, se le erigió un monumento.
Es en la calle reina Victoria de Madrid donde se ubica el elegante conjunto escultórico que perpetúa su memoria.
Las imágenes que acompañan esta entrada corresponden a aquel monumento. En él se exponen las armas que doña Eladia utilizó como II duquesa de la Victoria, las armas que asumió el general Espartero, blasonadas en una entrada anterior:
Se concluye con otra figura próxima al general Espartero. Se trata del coronel de caballería don Luciano Murrieta y Ortiz, García y Lemoine.
Fue el coronel Murrieta fiel secretario del general Espartero. Recibió, como premio de su fidelidad, y sobre todo como gracia por la encomiable labor de engrandecimiento de la industria vinícola de la Rioja, la merced nobiliaria de I marqués de Murrieta en 1872. Sus descendientes en la dignidad nobiliaria se apellidan hoy de Olivares y residen en Málaga.
Celebrada el pasado domingo, día ocho de febrero, la boda del rey de Georgia en el exilio, el príncipe David Bagration-Mukhraneli, con la princesa Ana Bagration-Gruzinski cuyas armas, de ambos, preceden estas líneas, se propone una serie de enlaces relativos al acontecimiento:
un
la
Se propone también la visita al ahora correcto blasonamiento de las armas del monarca en la
Se añade por último una foto tomada durante la celebración del enlace 
Al hilo de la anterior entrada sobre la integración de las armas del reino portugués con las del resto de reinos peninsulares, se desea proponer un breve apunte acerca de la evolución de las armas de Portugal.
El primer rey de Portugal, toda vez que don Enrique de Borgoña, el primer soberano independiente, se tituló conde de Portugal, fue don Alfonso I. Este monarca tomó por escudo un campo de plata en el que cargó una cruz de azur, a mediados del siglo XII.
Su hijo, el rey don Sancho I, en la época de expansión virulenta de la moda heráldica, alteró la representación de la cruz, adoptando la forma de escudetes, muy acorde al gusto heráldico imperante en aquel momento, cargados de un sembrado de bezantes de plata.
Su hijo, el rey don Alfonso II, comenzó a simplificar el siempre difícil de representar sembrado de los escudetes, por una idealización del mismo a través de una reducción a tan solo cinco bezantes por escusón.
Y por fin, el rey don Alfonso III, nieto de nuestro rey don Alfonso VIII, quien fuera el creador del mueble del castillo como señal de su reino de Castilla, incluyó esta figura en sus propias armas reales portuguesas, en torno a 1250, inclusión pareja a la del resto de sus primos titulares de los diferentes reinos europeos.
Son estas armas de los reyes de Portugal las que han derivado en armas nacionales del país vecino.








