viernes, 28 de enero de 2011

HERÁLDICA: HECHO GENERAL DE CIVILIZACIÓN


SOBRE EL NECESARIO ENFOQUE ANTROPOLÓGICO DE LA CIENCIA HERÁLDICA PARA EVITAR QUE SE QUEDE SÓLO EN ARTE DEL BLASÓN

Dr. Florentino Antón Reglero
Capitán de la Marina Mercante Española
Master Universitario en Derecho Nobiliario y Premial, Heráldica y Genealogía


Vengo leyendo por segunda vez el interesante trabajo del Profesor Doctor Ceballos-Escalera sobre la Heráldica, en general, con que nos ilustra por etapas en este ameno Blog. Y reconozco aquí haberme detenido esta vez frente a una serie de interrogantes que, a modo de reflexión lanzada a la conciencia del lector, nos plantea en el capítulo II.
Soy consciente de haberme hecho similares preguntas sobre el número y calidad de los colores, la causa de tan específicas y rigurosas normas de diseño aplicables al conjunto de la composición, y la capacidad semiótica de las figuras utilizadas.
Estaba yo entonces en plena búsqueda del origen de la heráldica marítima española, y analizaba, a partir de valores numéricos, el nivel de concordancia existente entre las variables representativas de los contenidos sigilográficos de las pocas unidades de análisis con origen en las villas portuarias del norte peninsular de que disponemos, y las procedentes de las primeras armerías conocidas de esas mismas villas.

Sin duda, los contenidos grafico, semiótico y escénico, que de forma cierta nos eran mostrados por el conjunto de las citadas unidades de análisis de la muestra, me hicieron llegar a la conclusión de que las manifestaciones heráldicas eran, y así lo he definido en más de una ocasión, «una respuesta anímica, en forma de expresión gráfica, a unos condicionantes socioculturales propios de una sociedad como la de la plenitud medieval, especialmente dotada para la creación y la percepción simbólica».

En realidad, sólo el enfoque antropológico dado al estudio de la configuración del alma colectiva de la sociedad del Occidente europeo, en su camino hacia la eclosión definitiva en los siglos de la plenitud medieval, nos permite entender la ósmosis socio cultural que se fue produciendo entre la romanidad que sirvió de base; la cultura de los pueblos germánicos que se asentaron en las provincias occidentales del Imperio, y cuyos reinos serán los verdaderos protagonistas del despertar heráldico, y el cristianismo, que aportó la renovación del modelo simbólico a partir de su sentido de la trascendencia.
Con estas premisas, cuando ponemos en relación los criterios propios del diseño heráldico: el de la nitidez, el de la composición, y el del cromatismo, con el canon de belleza propio de la Edad Media en su plenitud, la coincidencia es absoluta, por lo que nos vemos obligados a concluir, que los condicionantes del diseño heráldico son los mismos que establecen las pautas de la belleza en los siglos de la génesis heráldica.
Y no podemos olvidar que el sentido estético de ese tiempo está dotado de una dimensión trascendente, pues la belleza en la tierra no era más que un reflejo de la belleza de lo Absoluto, Dios, que todo lo hizo con peso, número y medida (Divina Proporción), y que es en sí mismo la Divina Claridad (luz y color); razones metafísicas que, como hemos apuntado, encuentran su reflejo tanto en el canon medieval de la belleza como en los criterios reguladores de la composición heráldica.
En realidad, como no podía ser menos, las formas heráldicas y su diseño no son más que un producto sociocultural de su tiempo, como advierte el Profesor Ceballos-Escalera al decir que la heráldica es «un hecho general de civilización».