La explicación de la existencia del pino central proviene de que Selvester, su apellido, significa del bosque. La cruz de San Francisco, porque estudiaba en la Universidad de esa orden, las máscaras por su afición a la comedia y la cruz de Canterbury, porque sí. Porque quería una cruz y puso esa.
Puso las máscaras en banda, y luego, cambió la cruz de San Francisco, por la de los benedictinos. El escudo resultaba igual de infantil que el primero. La siguiente evolución fue esta:
Empezaba a parecerse a un verdadero escudo. Abandonó el jefe abarrotado y sobrepuso al pino una faja con bezantes cargados. Los tréboles son, evidentemente, por su ascendencia irlandesa, como habrá adivinado, improbable lector. Entonces, cuando diseñó este escudo, abandonó su vida secular, para incorporarse a un monasterio benedictino americano.
Y en la siguiente evolución sí es donde se produjo un verdadero cambio. Él mismo, el padre Guy Selvester, relata que debió este cambio de armas al doctor en filosofía, creo que europeo del este, exiliado en norteamérica debido a alguna guerra, doctor Geza Grosschmid. Este doctor sí era un buen heraldista, como es evidente. Sus nuevas armas fueron:
Ahora ya sí resultan unas armas elegantes ¿no lo cree, improbable lector?. Las cruces están ahí por la orden benedictina y el gules porque el doctor Geza Grosschmid le sugirió al sacerdote, que todo escudo debía contener al menos una figura en gules. ¡Que acierto!. Y de nuevo surgió otra evolución. Esta vez vino motivada por el abandono de la orden benedictina por parte de don Guy Selvester, para trasladarse a finalizar sus estudios eclesiásticos a un seminario diocesano. En consecuencia, cambió las dos cruces benedictinas por dos cruces flordelisadas. Aquellas que yuxtaponen la imagen de Jesús, la cruz, con la de María, su santísima Madre. El resultado fue similar al anterior:
Por último, hizo un nuevo cambio. Quiso mantener la figura del pino que le había acompañado en todo su devenir heráldico. Pero también se dio cuenta de que una sola figura, un solo elemento, hacía más hermoso un escudo; se decidió por un bosque verde en jefe; unido a un cielo de oro en el resto del escudo, junto con una sola cruz flordelisada de gules. Y el resultado fue el que ha visto, lector, al inicio de estas líneas:
Toda esta evolución puede seguirla, mejor redactada, aunque en lengua inglesa, en la siguiente dirección:
http://americanheraldry.org/forums/showthread.php?t=3336
Unas armas acertadas, elegantes, sobrias, dignas... pero estoy tentado, conociendo el significado de los colores, de proponer a sacerdote del que venimos hablando una variación, casi inapreciable, pero que le dotaría de mayor significación. Se trata de que el cielo quede arriba, donde debe estar, y el bosque quede abajo, donde es lógico que aparezca. Y la cruz en el cielo, recordando aquella aparición que tuvo Constantino de la cruz. Aquella de In hoc signo vinces, con este signo vencerás.
Esta es la proposición que un día remitiré al padre Guy Selvester:Igualmente sobria, con el mismo significado, pero en su correcta posición.



Estos congresos incluyen exposiciones heráldicas y muy diversas conferencias sobre el asunto.
Se trata del ficticio reino de Lochac, que es parte de la SCA, asociación para la recreación del anacronismo. Para visitar esas páginas que, como comprobará, lector, muestran una heráldica exquisita, no hay más que escribir en un buscador cualquiera: Lochac Roll of Arms y añadir la palabra: Populace.
Esa asociación para la recreación del anacronismo, no ha tenido en
Y lo que hacen es reunirse, disfrazados de época, para simular combates con espadas, torneos, narraciones de gestas, tiro con arco, cetrería… y compartir aficiones comunes en torno a una actividad cualquiera y una comida posterior.
Cada individuo adopta un nombre ficticio y, dado el virulento éxito que la heráldica tuvo en la etapa medieval, unas armas obligatoriamente ficticias, que lo identifiquen ante los demás. Pues bien, esas armas, en su conjunto, son dignas de ser admiradas por su concisión y buen diseño. Sobre todo en este reino de Lochac.
Hay, efectivamente, otros reinos con sus armoriales, en inglés roll of arms, aunque no tan cuidados como el de este reino del que escribo.


Además, mantiene el timbre de la mitra episcopal, que debe usarse solamente para escudos de diócesis, no de personas. Los religiosos deben usar el capelo, el sombrero de peregrino con sus borlas. Añado bajo estas líneas el escudo del actual titular del obispado, que ha cuartelado sus propias armas con las de su diócesis.

Cuando fue elegido papa, el cardenal Roncalli se acordó de aquel suizo que sabía mucho de heráldica y le pidió que diseñara su escudo papal. Además, le sugirió que estableciera las bases para crear en el Estado Vaticano una oficina para regular la heráldica eclesiástica. El gran error de la vida de monseñor Heim, fue responder al santo padre que esa oficina no podía crearse porque "no debía regularse el buen gusto".
El sacerdote Heim, tras varios destinos por Europa, donde aprendió aún más de heráldica, alcanzó el rango episcopal, siendo ordenado arzobispo titular de Xanthús.
Su gran destino fue la nunciatura de Gran Bretaña. Allí conoció e intimó, en el buen sentido, con la reina madre. Parece que compartían el mismo buen gusto por la ginebra.
Pero chocó con Juan Pablo II. Y chocó por un motivo heráldico. Lo contaré en otra ocasión.









