sábado, 15 de enero de 2011

HERALDISTA DON FERNANDO MARTÍNEZ LARRAÑAGA

Remite mensaje y una de sus obras maestras un excepcional diseñador heráldico, don Fernando Martínez Larrañaga, marqués del Real Blasón, en el reino del Maestrazgo, viejo conocido de estos lares y autor insigne de su propio blog: Heraldistas.
Hola JJ:

Me ha resultado muy interesante el artículo de Juan Fernández Molina. Desconozco todo lo relativo a las categorías militares, a pesar de que mi abuelo era comandante del Ejército de tierra, infantería creo, y como te comenté tengo varios tíos abuelos que pertenecieron al Ejército del aire, los Sánchez-Campins.

Uniendo ambas ideas y siguiendo el ejemplo de Juan he creado el que sería el blasón de mi difunto abuelo, con las armas de los Martínez originarios de Cuenca, pero cuarteladas en lugar de partidas. Espero haya acertado con la jineta. También, al ser un alto cargo, se podría disponer un morrión decorado. Éste es el resultado:

La verdad es que seria interesante renovar la heráldica en España, creo que hay que evolucionar y sobre todo inventar para que la gente se aficione a esta noble ciencia.

Un fuerte abrazo JJ:

Fernando Martínez Larrañaga

viernes, 14 de enero de 2011

NOBLEZA SORIANA

Ameno, variado, riguroso, científico, el blog de la corporación nobiliaria de los Doce linajes de Soria es el ejemplo a seguir por las, gracias al esfuerzo de muchos, cada vez más numerosas páginas sobre heráldica y ciencias afines.
Desde hace ya más de dos años se reúne en torno a la buena mesa de un céntrico restaurante de Madrid, con periodicidad aproximadamente mensual, una tertulia en la que se tratan, sin un orden premeditado, variados asuntos y anécdotas sobre ciencias heroicas y la actualidad de quienes, siempre enfrentados, habitan la comunidad heráldica de estos reinos. De vez en cuando acudimos con algún regalo.
Hoy, el barón de Sórvigo, soriano, nos ha obsequiado al resto con una botella de vino que estoy convencido de que resultará imprescindible para quienes conforman la corporación de los Doce linajes:

jueves, 13 de enero de 2011

APORTACIÓN: HERÁLDICA DE LOS MILITARES

Estimado José Juan:
Como bien sabes, por haber realizado el curso de heráldica militar del Intituto de Historia y Cultura Militar, al igual que yo, existen unas normas para timbrar los escudos de armas de los militares que de coronel a capitan general ostenten dichos empleos.
 Claro que, si nos ponemos a pensar en la cualidad universal de la heráldica, el infraescrito se ha puesto a pensar en un método para timbrar las armas del resto de personal militar, que sin querer sentar cátedra de ninguna manera (y menos yo), creo que puede ser muy usable por el personal interesado.
Este método lo baso en diferentes elementos, que conjugados de distintas formas, nos dará el amplio abanico que va desde el soldado raso hasta el teniente coronel A.I.. Estos elementos son:
. El morrión como celada, tan definitorio de las tropas españolas durante su época más gloriosa y que usaremos en dos variedades; la primera de plata para la tropa y los suboficiales y la segunda de oro para los oficiales. Estos morriones, se tocarán con 3 plumas, que mostrarán el esmalte y el metal principal en el escudo.
. Las armas, que como bien sabes, eran la divisa del empleo en época de nuestros gloriosos tercios, y que consisten en picas, partesanas, alabardas y jinetas, hasta llegar a la porra del sargento mayor que es el antecedente del teniente coronel.
. Las corbatas, que irán atadas a las lanzas, representan las condecoraciones que posea el militar dueño del escudo, y se representarán de la misma manera que se haría con las corbatas que ostentan las banderas, guiones y banderines de nuestros ejércitos. La repetición de alguna condecoración, se indicará con un galón (del metal que sea la condecoración) en la corbata. Para las condecoraciones que posean distintos grados (como la orden de San Hermenegildo), se usará igual método para representar el ascenso en la orden. Sólo la Cruz Laureada de San Fernando, se acolará al escudo como tradicionalmente se ha usado.
. El cuerpo o arma al que pertenezca el militar se representará en los extremos de la cinta del lema o mote, y se añadirá además la estrella dorada de 5 puntas para los diplomados de estado mayor.

A continuación, se propone una tabla con el timbrado detallado de todos los empleos:


De igual forma, se adjunta un par de diseños, siendo el primero
el escudo de armas de un cabo de la Guardia Civil que posee las siguientes condecoraciones:

. Cruz al mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco
. Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco
. Cruz de Bronce a la Constancia en el Servicio
. Cruz al Mérito Civil
El segundo representa a un comandante de Infantería diplomado en estado mayor,

el cual, se ha hecho acreedor por su comportamiento en combate y en tiempos de paz de las siguientes condecoraciones:
. Cruz de Guerra
. Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo (X3)
. Cruz al Mérito Naval con distintivo rojo
. Cruz de Caballero de la Orden de San Hermenegildo
. Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco (X2).

Espero que la idea, aunque básica, guste.
Atentamente:
Juan Fernández Molina

miércoles, 12 de enero de 2011

NUEVO DISEÑO DE DON JUAN FERNANDEZ MOLINA

Solo una parte de su obra, sus armas son parte de ella, se puede apreciar en su propio blog.
De don Juan Fernández Molina, excepcional dibujante heráldico, se habló hace unos meses para exponer el diseño que de mis propias armas tuvo la gentileza de realizar, en esta entrada.
Compañero de armas del Ejército del aire, se trata de una persona de exquisito trato humano. Es caballero de la Orden de san Miguel del Ala.
De don Miguel Ángel García Arteaga, cuyas armas se posponen a estas líneas, también se ha expuesto algún detalle en este tedioso blog y se han hecho públicos algunos artículos de gran calado: aquel en que se recordaba a un compañero caído; aquel otro en el que se trató el asunto de los cordones que los sacerdotes militares añaden al capelo que timbra sus armas; y por fin, un tercero en el que se daban a conocer las armas de dos nuevos capellanes castrenses.
Hoy se propone a su recreo, improbable lector, el diseño que de las armas de don Miguel Ángel García Arteaga ha ejecutado don Juan Fernández Molina, a través del mensaje que aquel ha tenido la deferencia de remitir:
Estimado Don José Juan:

Mis cordiales saludos y el ruego de que me permita utilizar su blog para dar las gracias a Don Juan Fernández-Molina, heraldista que, sin ninguna duda, ha sabido encontrar un estilo propio, pulcro, minucioso y elegante de representación y organización de armerías, por la espléndida plasmación del escudo de un servidor:
Capellán castrense Miguel Ángel García Arteaga

martes, 11 de enero de 2011

RECORRIDO POR LA HERÁLDICA HISPANA, CAPÍTULO TERCERO

ORÍGENES Y EVOLUCIÓN DE LA HERÁLDICA HISPANA

 
Dr. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila,

Marqués de La Floresta
Cronista de armas de Castilla y León

CAPÍTULO TERCERO:
LA ADOPCIÓN DE ARMERÍAS POR EL CONJUNTO DE LA NOBLEZA (1180-1230)

Reservadas al principio a los príncipes, potentados y grandes feudatarios,
las armerías fueron rápidamente adoptadas por el resto de los combatientes:
a comienzos del siglo XIII casi todos los caballeros europeos las utilizaban ya, y su adopción y uso eran completamente libres.
Las causas de esta generalización del uso de armerías fueron estrictamente militares, y se ligan a la evolución del equipo y armamento individual de los caballeros y guerreros, al que antes ya me he referido.
Durante el siglo XII, el yelmo y la cota de mallas, junto a un escudo almendrado de grandes dimensiones,
ocultaron completamente la persona del caballero y del guerrero, haciéndolos irreconocibles:
por eso aparecieron pronto signos de reconocimiento como los emblemas heráldicos.
Fueron imprescindibles, tanto en campaña,

como en los entrenamientos ecuestres -justas y torneos-, enseguida convertidos en verdaderos eventos deportivos y sociales.
En la zona de aparición del sistema heráldico, entre los ríos Loira y Rhin, y el sur de Inglaterra, los barones habían adoptado ya emblemas heráldicos hacia 1160-1200;
 los caballeros lo hicieron entre 1180 y 1220;
y los nobles no caballeros y los escuderos hacia 1220-1260, según Pastoureau.
En el resto de Europa, las fechas se retrasan algo -y aún más en las regiones periféricas, como la Península Ibérica-, pero el proceso fue muy semejante.
Notemos, en este periodo, dos circunstancias interesantes: la primera, el uso de varios escudos distintos por los grandes señores -debido a la existencia simultánea de armas personales y de armas del feudo-; la segunda, la adopción por parte de los vasallos, de las armerías de su señor -los emblemas del feudo, se entiende-.
En cuanto a los territorios hispanos, vemos que hacia 1170-1175 comenzó a usarse un nuevo tipo de sello, lo que pudiera interpretarse como un signo de la definitiva aceptación social de los emblemas heráldicos: y es que a la antigua representación ecuestre del propietario, se añadió un reverso ocupado por su emblema.
Así aparecieron las señales -como entonces se decía- preheráldicas del Rey de León y del Rey de Castilla en los sellos de Fernando II y de Alfonso VIII, y luego en los de Sancho VII de Navarra, de los Condes de Urgel y de Ampurias, de los Girón, los Meneses, los Haro, y demás grandes linajes castellanos y leoneses.
Las formas de la respectiva representación de las señales y de las armerías tienen una gran importancia, porque guardaba relación con su significado o carácter. Así, estas señales, que llegaron al sello como emblemas que ocupaban el reverso, tienen un claro carácter feudal, es decir territorial. Algo después, hacia 1180-1190, pasaron al escudo de armas portado por la imagen ecuestre del propietario del sello, y simultáneamente su uso adquirió un carácter personal-familiar, por lo que fueron heredadas por todos los hijos, sin distinción, e incluso transmitidas por las hijas.
El carácter feudal y territorial de los emblemas situados en el reverso de los sellos permaneció durante mucho tiempo, y se evidencia mejor cuando no coincidía con las armerías personales. Son notables los ejemplos de los sellos de Fernando III, siendo solamente Rey de Castilla (1217-1229), que se armaba de León (armas familiares) en el escudo de la imagen ecuestre del anverso de su sello,
al tiempo que traía en el reverso el emblema de Castilla (su señal feudal y territorial).
Y también en los sellos reales aragoneses desde fines del XIII, en los cuales la cruz cantonada llamada de Alcoraz (armas del reino de Aragón),
ocupó siempre el reverso, mientras que las figuras ecuestres de sus monarcas se armaban invariablemente con los palos (sus armerías familiares). 
Sin embargo, el emblema de Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, se apartó de este curso de sucesivas formas de uso, porque desde su más antiguo sello (se conserva la matriz de 1137-1150)
hizo figurar los palos sobre el escudo de sus figuras ecuestres en ambas caras. En concordancia con esta forma, heredaron el emblema de los palos, sin distinción, sus tres hijos y todos sus nietos (lo que nos lleva a deducir el carácter familiar, y no territorial, que desde el primer momento tuvo el emblema de los palos).

lunes, 10 de enero de 2011

MANCHAS

Cuando tenía dieciocho años, hace ya la friolera de veinticuatro, mi padre, don Juan José Carrión Úbeda, de los Carrión de Huelva de toda la vida, me compró un coche de segunda mano. Nada menos que un Seat cientoveintisiete. Azul. Azul en origen porque a los pocos días decidí personalizarlo con lo que debían ser guanteletes amarillos que, dado que Dios no me ha llamado nunca por el camino del arte, resultaron manos, simples manos amarillas. Veintitrés, repartidas por la carrocería. El coche, desde luego, no tenía desperdicio. En el CEU, donde cursé mis tres primeros años de carrera, (estudié económicas, improbable lector), sabían sin lugar a dudas si Carrión, yo mismo, había acudido ese día clase. El coche era antiguo, anciano, pero su decoración lo hacía inconfundible a todas luces.
En el tramo de edad cercano a los veinte la capacidad de reflexión es escasa. No es que ahora tampoco haya aumentado mucho, pero algo sí. En consecuencia, viviendo los fines de semana en la sierra de Madrid, el cientoveintisiete recorrió, a su pesar, caminos, sembrados, charcos de considerable tamaño y profundidad… y sin embargo, el coche seguía funcionando. En fin, que algún que otro accidente padecí, pero recurriendo al taller de un amigo, cercano a casa de mis padres, por poco dinero volvía a tener mi medio de locomoción como nuevo.
Hoy el sistema económico no admite esos excesos. Desde que mister Kleenex inventó el concepto de usar y tirar, las empresas se han ido subiendo al carro y si hoy intentara hacer la mitad de las temeridades que realicé con mi cientoveintisiete con alguno de los nuevos coches que hoy poseo el resultado sería, a buen seguro, un siniestro total.
El escritorio desde el que se redacta este tedioso blog se puebla de un ordenador portátil aupado a un atril; una desordena columna de libros apilados, la mayoría sobre heráldica; una caja de madera con tapa de plata en la que aparece mi nombre, regalo de mis funcionarias civiles cuando amenacé con un cambio de destino y que sirvió en su momento como almacén de tabaco y hoy, que soy exfumador de tabaco negro, es el lugar en el que guardo las tarjetas de visita que me van entregando; un portarretratos que compré en una tienda de antigüedades a la salida de la embajada española en Washinton, D.C. por un dineral y en el que se ve una imagen de mi mujer y mis dos hijos, todos ellos sonriendo a pesar de convivir con el redactor de estas líneas; y una impresora. 
Al contrario que el cientoveintisiete, cuya vida útil alcanzó los veinte, la impresora, a pesar de su juventud, es paradójicamente una anciana de ocho años. Aun siendo hija reconocida de una marca norteamericana de prestigio, o quizá precisamente por eso, ha decidido cumplir con el axioma Kleenex y cada vez funciona peor. Manchas de color indeterminado, más bien parecido al sepia, jalonan ahora cuantos dibujos, normalmente escudos, salen de sus entrañas. En algún caso he llegado a interpretar que un campo de gules se cargaba de un sembrado de… ¿qué será esto? ¡son manchas! 
Hace una semana, después de descargarlo de la página que la Sociedad heráldica inglesa, que no británica, mantiene en la red, decidí leer una conferencia del anterior Jarretera rey de armas principal de Inglaterra, don Peter Gwyn-Jones, fallecido en agosto de 2010.
El documento, un interesante resumen vital de los motivos de elección de sus diseños heráldicos desde 1970, se expone repartido, por su extensión, en tres de los últimos volúmenes de la revista trimestral La gaceta heráldica. El tercer y último capítulo se recoge en el número correspondiente al mes de septiembre de 2009.
Antes de abordar la lectura repasé sin mucho afán los escudos que la adornaban. Al llegar a uno de ellos, un campo de gules cortado dentado de azur, cargado de cinco gaviotas de plata, puestas tres en lo alto y dos en punta, advertí una de las habituales manchas sepia que mi impresora reparte al azar.

Hora y media después, concluyendo ya la lectura de la conferencia, resultó que la mancha no era tal. El texto explica que esa mota sepia era un pequeño escusón.
El escudo muestra las armas de una dama: Margaret Seward. Fueron creadas, no por el propio rey de armas Gwyn-Jones, sino por el entonces Richmond heraldo, don Patric Dickinson, hoy Clarenceux rey de armas.
Aclara un buen número de curiosos detalles, pero se proponen solamente dos y con esto concluyo tan tediosa entrada:
El dentado del cortado representa la profesión de la dama: dentista. Todo un alarde de buen humor.

Y la mancha, que resultó ser un pequeño escusón de oro en jefe, indica, sorpréndase conmigo improbable lector que yo tampoco había leído nunca ese dato, que se trata de una dama casada.

El enlace a la revista que contiene la tercera parte de la conferencia citada es el siguiente: http://www.theheraldrysociety.com/publications/gazette/2009-Sep.pdf

Para acceder al resto de revistas el vínculo es este otro: http://www.theheraldrysociety.com/publications/h_g.htm