Hoy, que es sábado, se propone una fotografía en la que aparece el insigne monseñor Heim
quien, como ya conoce, improbable lector, diseñó las armas de los cuatro últimos papas anteriores al felizmente reinante.
La fotografía, de baja calidad, permite no obstante advertir que el báculo se adorna con motivos heráldicos. Concretamente se advierten dos escudos
de los que lamentablemente, no reconozco más que uno:
el que representa las armas del propio arzobispo Heim, un león rampante, de oro, apoyado sobre un monte de tres cimas de sinople, acompañado de una estrella de oro, en el cantón diestro del jefe y, contraviniendo el más elemental precepto de nuestro arte, dispuestas las figuras sobre campo de plata.
Armas heredadas que disminuyó,
renunciando a la herradura de azur que consideraba impropia de un eclesiástico. Práctica esta de la disminución heráldica universalmente poco usual frente a la contraria, tan cotidiana, el engrandecimiento de armas.
quien, como ya conoce, improbable lector, diseñó las armas de los cuatro últimos papas anteriores al felizmente reinante.
La fotografía, de baja calidad, permite no obstante advertir que el báculo se adorna con motivos heráldicos. Concretamente se advierten dos escudos
de los que lamentablemente, no reconozco más que uno:
el que representa las armas del propio arzobispo Heim, un león rampante, de oro, apoyado sobre un monte de tres cimas de sinople, acompañado de una estrella de oro, en el cantón diestro del jefe y, contraviniendo el más elemental precepto de nuestro arte, dispuestas las figuras sobre campo de plata.Armas heredadas que disminuyó,
renunciando a la herradura de azur que consideraba impropia de un eclesiástico. Práctica esta de la disminución heráldica universalmente poco usual frente a la contraria, tan cotidiana, el engrandecimiento de armas.
Siguiendo con el somero apunte de algunas casas nobles vinculadas al principado de Cataluña, desde donde se viene redactando últimamente este tedioso blog, se proponen ahora unas líneas sobre la figura y heráldica de don Eusebi Güell i Bacigalupi, I conde de Güell.
Así, el inmoral comercio de esclavos traídos de África y vendidos, no solo en el mercado de la Habana donde residía, sino en norteamericana, se reflejó en las armas que se asociaron al título.
El recientemente fallecido don Joan Antoni Samaranch i Torelló, I marqués de Samaranch, da lugar a rescatar unas novísimas armas que contrastan con la antigüedad de las expuestas en los títulos anteriores.
No deben considerarse en absoluto un mal ejemplo de elección de armas nuevas. El escudo es, a todas luces, estético, equilibrado y con motivos muy bien traídos.
El tercero recoge las armas de la provincia de Barcelona, toda vez que don Joan Antoni fue presidente de la diputación provincial.
Por fin, el jefe de sinople, cargado de los cinco aros olímpicos de oro, resalta en sus armas la faceta por la que ha sido conocido internacionalmente: la presidencia del comité olímpico internacional.
De estilo modernista tardío, la balconada del piso principal evoca la distribución vertical de la sociedad de entonces, distinta a la estratificación social zonal, horizontal, vigente hoy día en la ciudad condal y en el resto de la sociedad occidental.
El escudo, labrado en piedra, refleja en un cuartelado, las armas correspondientes a los cuatro costados del I barón. Las armas correspondientes al primer cuartel, Quadras, son un cortado. Primero: Terciado en palo con estos cuarteles: Primero cargado de una cruz paté; segundo de las armas del rey de Aragón; tercero con un castillo. Cortado de un cordero pascual. Se ignoran los esmaltes. 
Las armas asociadas a este linajudo y antiquísimo título no demuestran, de su mera observación, una antigüedad evidente. Se trata de un campo de plata, con un dragón de sinople. Mantelado cosido de oro, cargado con un palo de gules cada manteladura, de evidentes resonancias aragonesas. Bordura general de gules, cargada de siete aspas de oro y siete escudetes con las armas de los Mendoza de la Vega, alternando.
No fueron estas, al contrario que lo que sucede con otros títulos, las armas del primer poseedor de la merced. Don Beltrán de la Cueva, I duque de Alburquerque, se armó de un escudo similar: En campo de plata, dragón de sinople. Mantelado cosido de oro, cargada cada manteladura de dos palos de gules; ya no con resonancia, sino reflejando las armas del rey y reino de Aragón. Bordura general de gules cargada de ocho aspas de oro.
El cambio de las armerías asociadas a este título debe considerarse como propio de las vicisitudes y cambios de dinastía en la titularidad de la merced nobiliaria. Hoy, el XIX duque de Alburquerque atiende al nombre de don Juan Osorio y Bertrán de Lis, habiéndose perdido en los avatares históricos el apellido de la Cueva.
El ducado de Medinaceli trae por armas un cuartelado en el que se representan, en primero y cuarto, un partido de Castilla y León, y en segundo y tercero las armas de Francia modernas.
El asunto de las armas de esta antigua familia noble procede de una evolución de las armas originales de la casa real de Castilla.
En consecuencia, debería haber adoptado por armas el castillo, parlante de aquel reino.
Pero se daba la circunstancia de que este rey era hijo del, a su vez, rey de León don Alfonso IX que portaba el conocido, y también parlante, león de púrpura. León de púrpura con el que, paradójicamente, hasta la muerte del rey leonés, el rey de Castilla se armó.
Por fin, en 1230, tras la unificación definitiva de ambos reinos, san Fernando optó por crear el conocido cuartelado de Castilla y León.
Cuartelado que, en puridad heráldica, debería considerarse mal diseñado al disponer en primero y cuarto, los cuarteles reservados para las armas paternas, el escudo castellano en vez del leonés.
El caso de la sucesión de este infante, origen del ducado de Medinaceli es digno de unas líneas. Falleció este infante a la edad de veinte años, nueve antes que su propio padre el rey, dejando huérfanos de padre dos hijos varones, los que después se denominarían los infantes de la Cerda.
Los herederos de esta dinastía desheredada, los de la Cerda, entroncaron familiarmente con los condes de Medinaceli, y desde el reinado de los reyes católicos, ya titulados como duques, fueron aceptados en la corte. Desde entonces, alteraron el orden de las armas que habían recibido en herencia disponiendolas en la forma en la que en la actualidad permanecen:
Escudo cuartelado: primero y cuarto de Castilla, partido de León, y segundo y tercero de Francia moderno.








