

El rey san Fernando III de Castilla sucedió a su madre, la reina doña Berenguela, en la titularidad del reino castellano en 1214.




La noticia de la evolución heráldica de las armas de los actuales duques de Medinaceli nos lleva ahora cincuenta años después, durante el reinado de Alfonso X, el sabio, de Castilla. El primogénito de este rey y de su esposa, la reina doña Violante de Aragón, el infante don Fernando de la Cerda, se armó, para diferenciar su escudo del de su padre el rey sabio de un invertido del cuartelado real, disponiendo en primero y cuarto León y en segundo y tercero Castilla.

A pesar de que el código de las siete partidas, promulgado por el propio rey sabio, establecía el reconocimiento del derecho de representación en la sucesión al trono, esta cláusula no se atendió. El derecho de representación, hoy recogido como tal en la propia constitución española, establece que los derechos a la sucesión del trono del heredero premuerto al rey, se transmiten a sus propios herederos. Es decir, si falleciera el actual príncipe de Asturias, Dios no lo quiera, antes que el rey don Juan Carlos, su hija de tres años, doña Leonor, representaría los derechos de sucesión al trono de España, en nombre de su padre fallecido.
Esta regulación legal, vigente a la muerte del rey sabio al igual que hoy, no se respetó: sucedió en el trono castellano el tío de los infantes de la Cerda con el nombre de Sancho IV, el bravo.
Los infantes desheredados, para diferenciar sus armas de las que había traído su padre, optaron por partir, dimidiando, las armas de su madre, la princesa doña Blanca, hija del rey san Luis IX de Francia, con el cuartelado real inverso que había ostentado su padre. Así, se armaron de Francia antiguo, partido de Castilla, medio cortado de León.


