Las armas que acaba de observar, improbable lector, son las de un país báltico denominado Letonia, aquí en nuestra vieja Europa.El escudo acusa un simbolismo elevado.Las estrellas que timbran el escudo representan las tres regiones históricas del país.
El sol, de aparición en el siglo veinte, tras su independencia de Rusia, simboliza con sus diecisiete rayos las actuales regiones del país.
El león de gules contornado es el símbolo de dos regiones de nombres tan extraños como Kurzeme y Zemgale que conforman la mitad suroeste de Letonia. Ya en 1569, el ducado de Kurzeme citado ostentaba estas armas.
El grifo de plata representa las regiones nororientales, Vidzeme y Latgale. Data de 1566, siendo entonces parte del reino Lituano-Polaco del que ya se habló en este blog al tratar sobre las armas de otro país báltico, Lituania. 
Nos ha llamado poderosamente la atención de su artículo lo reseñado como una anécdota histórica que desconocíamos. Se trata del hecho ocurrido el 3 de junio de 1932. En esta fecha, el pretendiente carlista don Alfonso Carlos de Borbón y de Austria-Este, don Alfonso Carlos I para los carlistas, dispuso por escrito los siguientes extremos:
En más de una ocasión habíamos, efectivamente, observado algún escudo nacional que incluía un escudete ovalado en jefe cargado con un sagrado corazón. Pensábamos que se trataba de un bienintencionado dibujo que no iba más allá de la voluntad de reflejar algún elemento religioso en la heráldica nacional. Resulta del todo esclarecedor que se tratara de la voluntad de un intitulado rey en el exilio.
Esta excelente obra recorre individualmente las armas de cada uno de los reyes de ambos reinos, a partir del siglo XII y hasta nuestros días. Además se detiene en las diferencias heráldicas de los vástagos de los reyes.
Se trata en suma de una obra de lectura inexcusable para todo heraldista. Un ejemplo de estudio científico. Un modelo de transmisión de conocimiento heráldico.
La historia evolutiva de estas armas es más o menos así: Fue uno de sus hijos de Waleran III, Enrique V, conde de Luxemburgo, el primero que ostentó unas armas casi idénticas a las del actual gran ducado.
Con el paso de los años, el que fuera estado menor se convirtió en soberano y el burelado adquirió entidad de armas de estado.
A buen seguro, improbable lector, si se atreve con este tedioso blog, conoce ese lenguaje. Pero hay palabras que sorprenden incluso a los que están familiarizados con él. La que hoy se propone es la palabra becerro.
El término becerra, en consecuencia, no presenta inconveniente. Por el contrario, su masculino, becerro, sí que da lugar a la confusión. Y es que al blasonar, la palabra becerro no hace referencia al toro de corta edad. El término becerro en un blasonamiento, se refiere a un libro abierto con una perspectiva frontal.
El escudo de los becerros se ha extraído de esta página: 
Como sabe, improbable lector, en esta capilla del castillo de Windsor, se acostumbran a disponer en cada sitial las armas, la cimera y el pendón de cada individuo agraciado con la pertenencia a la orden de la Jarretera.








