Mi distinguido amigo:Sólo unas líneas para felicitar al Sr. Martínez y Larrañaga por sus diseños heráldicos, aunque no puedo resistir la tentación de hacer una puntualización que puede ser igualmente una pregunta.
En las armas de Don Juan de Borbón y Battenberg observo que aparece acolado el collar de la Orden de Carlos III, lo cual me sorprende por dos motivos.
De una parte, aparece dispuesto en un lugar de mayor preferencia que el Toisón de Oro si seguimos los dictados tradicionales de la Heráldica, siendo comúnmente admitido que la Orden borgoñona es más preciada que la que fundara Carlos III bajo el patronazgo de la Inmaculada.
Por otra parte, si bien es cierto que Don Juan lució en muy numerosas ocasiones las insignias de esta orden de Carlos III, no nos consta cuándo ni por quién le fuera conferida.La única solución que se me ocurre al respecto es que él mismo se considerase Soberano de la Orden al asumir la titularidad de la Dinastía tras la abdicación de su padre, Don Alfonso XIII, el 15 de enero de 1941 El Decreto de 24 de julio de 1931, extinguió esta dignidad premial en el ordenamiento vigente español, por lo que con lógica evidente podría considerarse una orden dinástica propia de los borbones exiliados desde ese momento hasta la promulgación del decreto de 10 de mayo de 1942 (BOE nº. 219, de 7 de agosto de ese año), norma por la que la Administración española volvía a poner en vigencia esta ilustre figura corporativa.
Saludos cordiales de su siempre amigoJosé Luis Sampedro Escolar

Las que siguen son las palabras del marqués de la Floresta:
Mi querido amigo y compañero: respecto de la referencia sabatina en su blog a la manera correcta de llevar sobre el uniforme militar las insignias de Comendador de la Real y Distinguida Orden de Carlos III –a la que mucho me honro en pertenecer por la munificencia de la Majestad reinante-, debo señalarle mi desacuerdo.
El teniente coronel que ilustra el artículo –al que creo identificar, y por eso me sorprende aún más su proceder, porque es persona impuesta en el tema- no luce correctamente estas insignias, ya que mezcla la cruz de Caballero (sobre el pecho) con la venera de Comendador (al cuello). Y esto, en una verdadera Orden (y la de Carlos III lo es sin duda) es incorrecto, ya que o bien se es Caballero o bien se es Comendador, pero nunca ambas cosas simultáneamente.
En realidad, es como si sobre el uniforme se hubiera puesto las estrellas de capitán y debajo las de teniente coronel, bien juntas.
Así, es muy corriente ver a compañeros luciendo la Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo,
junto a la Encomienda
e incluso la Placa,
lo que, sobre ser conceptualmente incorrecto –aunque sea legal-, desmerece mucho la consideración que debiera tener una Orden, reducida así a la mera condición de “chapa”, que cuantas más mejor, y perdóneme la crudeza.
Pero en las Órdenes, sean civiles o militares solamente se posee un grado, y cuando se alcanza el superior se pierde el inferior, del mismo modo que cuando se asciende a comandante se deja de ser capitán. Otra cosa, naturalmente, es que en la hoja de servicios y demás documentación del interesado se hagan constar los dos grados, ya que son dos concesiones, y por ende dos méritos.
En realidad, vista la escasa consideración que las Órdenes y Condecoraciones tienen hoy en nuestra Patria, todo esto es simplemente anecdótico, y solo llama la atención de cuatro ciudadanos, entre los que todavía me cuento.
Envía mensaje el barón de Sórvigo reenviando a su vez información del ministerio de cultura.
No es este blog prolijo en otorgar los tratamientos protocolarios debidos a las autoridades. No se trata de una especial inquina hacia este antiguo uso, sino de economía de la escritura. Así, el romano pontífice es nombrado habitualmente como papa, evitándose el engorroso santidad, al igual que se evitan las expresiones majestad, alteza, excelencia y demás. Hoy sin embargo le propongo, improbable lector, la consideración de los correctos tratamientos a dispensar a determinadas majestades.
Al igual que el rey de España es, en consecuencia con lo anterior, su católica majestad, el rey de Francia ostenta el tratamiento de cristianísima majestad, igualmente concedido y confirmado por la Iglesia desde inmemorial.
Por fin, el emperador de Austria-Hungría posee el tratamiento de apostólica majestad, título concedido por el papa Silvestre II al rey san Esteban I de Hungría.
Lo expuesto da pie a tratar el asunto del veto papal, correctamente denominado Ius exclusivae, o derecho de exclusión. Derecho que poseían sus majestades católica, cristianísima y apostólica.
Los propios reyes de España, sus católicas majestades, vetaron a lo largo de la historia a cardenales papables con relativa asiduidad.
El derecho de exclusión o veto fue finalmente suprimido por el papa san Pío X en 1904, sin abolir, no obstante, los títulos con que sus majestades católica, cristianísima y apostólica continúan adornándose.
Recientemente se ha hablado en este espacio virtual de don Fernando Martínez y Larrañaga, al exponer
Las armas de nuestro rey, don Juan Carlos:
Las armas del almirante don Juan, el padre de nuestro monarca:
Las armas que viene usando mi propio padre, don Juan José Carrión Úbeda, en un triple diseño:

Las armas de mi madre, doña Natividad Rangel Marín:
Las armas de nuestro correspondiente en Cartagena, don José Antonio Padilla Solano, en un triple diseño: 

Las armas de los marqueses de Urquijo, de quien don Fernando es familiar:
Un blasón que representa las armas de los dieciséis abuelos de don Fernando:
Las armas del actual pontífice máximo, Benedicto XVI, con su tiara correspondiente:
Un escudo que representa las armas de los cuatro costados del propio autor de todos estos diseños:
Las armas de don Francisco José Sánchez Sánchez:
Las armas de don David San Román:
Las armas de don Fernando Blanco:
Las armas de don José Millán:
Las armas del sacerdote don Juan Enrique Sánchez Moreno:
Y mis propias armas, que don Fernando tuvo la gentileza de dibujar hace ya algún tiempo:










