La heráldica se encarga del estudio de las particiones y figuras que se inscriben dentro de una boca de escudo. Es decir, no atiende a otra emblemática que no se defina dentro, o al menos alrededor, del contorno de un escudo.
No obstante, perteneciendo desde hace ya más de doce años al Ejército del Aire y antes a la Armada, y conmemorandose hoy la Patrona de la aviación española, Nuestra Señora de Loreto, se desea exponer un breve apunte sobre un emblema, no inscrito dentro de una boca de escudo, por el simple placer de comunicar algo que consideramos que pudiera resultarle interesante, improbable lector.
No obstante, perteneciendo desde hace ya más de doce años al Ejército del Aire y antes a la Armada, y conmemorandose hoy la Patrona de la aviación española, Nuestra Señora de Loreto, se desea exponer un breve apunte sobre un emblema, no inscrito dentro de una boca de escudo, por el simple placer de comunicar algo que consideramos que pudiera resultarle interesante, improbable lector.Se trata del denominado, institucionalmente, emblema del Ejército del Aire, y coloquialmente roquisqui.
Este emblema fue creado por la princesa Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha, duquesa consorte del V duque de Galliera, hija de Alfredo de Sajonia-Coburgo-Gotha, duque de Edimburgo y de la gran duquesa María de Rusia, única hija del zar Alejandro II de Rusia.
Esta princesa, doña Beatriz, gran artista, aficionada al diseño, casó en 1909 con el infante de España, primo del rey Alfonso XIII, don Alfonso de Orleáns y Borbón, aviador vocacional y profesional. En la imagen aparecen ambos:
Cuenta la historia que el diseño del emblema de aviación se gestó en Sanlúcar de Barrameda, en el domicilio conyugal del infante don Alfonso de Orleáns y la princesa Beatriz.
Un grupo de oficiales, aviadores militares, charlaban sobre la conveniencia de crear un distintivo que significara su pertenencia a un grupo, entonces y aun hoy, tan arriesgado como la aeronáutica, para colocar sobre la guerrera de sus uniformes.
La princesa Beatriz abandonó la reunión pasando a su estudio, cuyas paredes estaban decoradas con pinturas de inspiración egipcia. El diseño que propuso la princesa resultó evidentemente inspirado por los dibujos que la rodeaban.
Así, recuerda vivamente las alas desplegadas de la diosa egipcia Maat, unidas por un círculo rojo, que es el tocado habitual de esta deidad egipcia.
Añadió, timbrando el emblema, la corona real, entonces como hoy, felizmente vigente.
Este emblema fue creado por la princesa Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha, duquesa consorte del V duque de Galliera, hija de Alfredo de Sajonia-Coburgo-Gotha, duque de Edimburgo y de la gran duquesa María de Rusia, única hija del zar Alejandro II de Rusia.Esta princesa, doña Beatriz, gran artista, aficionada al diseño, casó en 1909 con el infante de España, primo del rey Alfonso XIII, don Alfonso de Orleáns y Borbón, aviador vocacional y profesional. En la imagen aparecen ambos:
Cuenta la historia que el diseño del emblema de aviación se gestó en Sanlúcar de Barrameda, en el domicilio conyugal del infante don Alfonso de Orleáns y la princesa Beatriz.Un grupo de oficiales, aviadores militares, charlaban sobre la conveniencia de crear un distintivo que significara su pertenencia a un grupo, entonces y aun hoy, tan arriesgado como la aeronáutica, para colocar sobre la guerrera de sus uniformes.
Añadió, timbrando el emblema, la corona real, entonces como hoy, felizmente vigente.
El símbolo creado tuvo gran éxito y fue adoptado de inmediato por los aviadores militares españoles. Además, es obligado reseñar que el exitoso emblema fue el primero del mundo en usar dos alas para significar la pertenencia a las fuerzas aéreas, motivo que se ha copiado internacionalmente hasta la saciedad.
Coloquialmente, el emblema del Ejército del Aire se denomina Roquisqui. 
Estado soberano desde su creación en 1734, en que las tropas españolas expulsaron a las del emperador de Austria, para sentar en el trono napolitano al infante don Carlos, hijo del rey Felipe V de España y crear un nuevo estado independiente con titulo de reino. El infante don Carlos sería más de veinticinco años después, el rey don Carlos III de España.
Este movimiento militar no fue injustificado. El reino de Nápoles había pertenecido a la corona, primero aragonesa y después española, desde que en 1442, Alfonso V de Aragón, conquistara el territorio.
Siendo parte de la corona aragonesa, este territorio se dividió en dos virreinatos, Nápoles y Sicilia, dependientes directamente, primero del rey de Aragón y posteriormente del rey de España. Consecuencia de aquella conquista de 1442, que se justificó en antiguos derechos de la esposa del rey de Aragón, las armas de este reino de Aragón, pasaron a cuartelarse en sotuer con el águila de la dinastía Hohenstaufen para así representar aquellos territorios italianos pertenecientes a la corona de España durante casi trescientos años.
Reseñar por último, que el territorio se perdió durante unos años, consecuencia de la guerra de sucesión española, a favor del imperio austriaco. Posteriormente, en 1734, se recuperó manu militari, aunque ya para los descendientes de la dinastía reinante, no para España, al convertirse en nación independiente.
Hoy, día de la Inmaculada Concepción de María Santísima, se desean exponer un par de breves apuntes:
En primera instancia recordarle, aunque a buen seguro lo sabe, improbable lector, que la fiesta que hoy se celebra festeja el nacimiento sin pecado original de María, no de su hijo Jesús. Fiesta que ha sido siempre muy celebrada en estos reinos que hoy se llaman España.
Y en segundo lugar, exponer algunas imágenes de las diferentes insignias de la orden de Carlos III. Varias,
como el collar,
o la gran cruz,
portadas por el rey don Juan Carlos.
Es una orden de Estado, no dinástica, y evidentemente permanece vigente.
Viene a propósito el argumento de mostrar hoy estas insignias en tanto que el rey fundador estableció que fuera la imagen de María Inmaculada, de la que era muy devoto, la que adornara cada una de ellas, con independencia de la categoría.
Cuenta esta corporación con diferentes grados de pertenencia que se ponen de manifiesto a través de las diferentes insignias que, debidamente dispuestas sobre el uniforme o el traje civil, significan el grado que se ostenta en tan alta corporación.
La categoría de gran cruz de esta orden, nos informaba recientemente un amigo destinado en la guardia real, don José Felipe Garrido, se otorga a todos los ministros, de modo que al cesar en sus cargos sigan manteniendo el tratamiento institucional de excelentísimo señor o señora.
Se añade que el monarca fundador, don Carlos III, fue quien, en 1734, comenzó a reinar en Nápoles tras expulsar las tropas españolas a las del emperador de Austria, según se expuso hace
Posteriormente, ya en 1759, vendría a reinar a España a consecuencia de la muerte sin hijos de su hermano de padre, el rey don Fernando VI.
Por ultimo se desea exponer que, si bien la banda de la gran cruz comenzó ostentando los colores azul, blanco y azul, según ha observado en las fotografías y dibujos propuestos, por la evidente coincidencia con la bandera de la nación Argentina se ha dispuesto que actualmente sea de color pleno azul, con vivos blancos.
Existe común acuerdo social en designar al actual escudo de armas de España, el escudo que soporta nuestra bandera, como el escudo constitucional.
Como recordará, improbable lector, el escudo vigente al aprobarse la constitución era de 1938.
El propio texto constitucional nada exponía sobre las armas de la nación. No fue hasta 1981, por
En consecuencia, el uso de la expresión escudo preconstitucional para designar el anterior modelo de armas nacionales es un absurdo. El escudo nacional previo al actual se mantuvo vigente hasta tres años después de ser aprobada la constitución. Y el propio texto constitucional nada previó sobre el escudo.
Había sido previamente aprobada por las Cortes, el día 31 de octubre de ese mismo año 1978. El proceso aprobatorio concluyó el día veintisiete de diciembre al sancionar el rey,
ante las Cortes, la constitución con su firma.
El ejemplar de la constitución, muy lujoso y magníficamente encuadernado, que el presidente de las Cortes presentó al rey para su ratificación, para su sanción, se conserva, lógicamente, en el propio palacio de las Cortes.
La página primera de este texto, recoge el escudo nacional vigente en aquel momento. El que había sido escudo nacional desde el once de febrero de 1938,
reformado someramente el once de octubre de 1945
y posteriormente el veintiuno de enero de 1977,
que es el modelo que adorna el primer ejemplar de la constitución.
Se habló en
Continuación de aquella entrada, hoy se propone la visita a esta
acoladas de diferentes diseños del collar y banda de la orden de Carlos III.

Hoy vienen a colación de nuevo las columnas para hacer referencia a las coronas que, en el escudo nacional, se disponen sobre ellas y a las ondas de agua que sirven de sustentación figurada a la base de las columnas.
A buen seguro ha reparado infinidad de veces, improbable lector, en que sobre el capitel de las columnas que se acolan al escudo de España se apoyan dos coronas. Una, que es repetición de la que sirve de timbre al escudo, la corona real,
y otra extraña, con apariencia de mitra episcopal puesta de perfil y que es la corona imperial.
Estas coronas se dispusieron desde su origen sobre las columnas.
Se trata de una ratificación de la significación pretendida con el propio símbolo de las columnas.
Se añade, para facilitar la argumentación, que la forma en que los anglosajones denominaron, despectivamente, a sus tierras americanas, usando la voz griega kolonia, que venía a significar que se establecía un núcleo urbano civilizado en un entorno salvaje, en España no se usó.
A las tierras españolas en América se les denominó siempre, en su conjunto, como el imperio. Su denominación individual fue la del nombre de cada virreinato o capitanía. Pero entendido como un todo, las tierras sobre las que el rey de España ejercía su soberanía en Amércia se denominaron siempre el imperio.
Aceptado este concepto, se manifiesta con más claridad el acierto en la elección del símbolo de las columnas que se timbran con corona real e imperial y que descansan sobre ondas de mar.








