viernes, 13 de abril de 2012

LA ORDEN DE CABALLERÍA

Si existe una imagen que cautiva nuestro intelecto al considerar la Europa medieval, improbable lector, es la figura del caballero.La literatura se ha ocupado repetidamente de esta figura. Figura que ha quedado reflejada en nuestro intelecto colectivo como ejemplo de las mejores virtudes cristianas, léase la defensa de los débiles, la práctica de un elegante código de honor y la búsqueda caritativa de la justicia.De hecho, el mundo del caballero medieval aparece en nuestra retina como un sugestivo cóctel basado en el feroz, pero sugerente combate a caballo, mezclado con el ejercicio de la caridad para con los más débiles y acompañado de alguna práctica litúrgico-religiosa a la antigua usanza.
Atendiendo a los orígenes de la caballería, la historia nos conduce indefectiblemente a la Roma dominante del mundo occidental conocido, donde guerreros a caballo, los equites (pronúnciese écuites, que la u se lee siempre en latín) constituían la más esclarecida clase social de la urbe. Clase social formada por los vástagos de las más acaudaladas familias romanas que se permitían formar a sus jóvenes en el arte de la doma y de la práctica de la lucha a caballo.Este cuerpo armado, esta forma de plantear la lucha, enfrentando al enemigo jinetes sobre caballos, a pesar de los avatares de la historia, mantuvo su vigencia hasta muchos siglos después.Pero es en torno al final del siglo al siglo X y sobre todo en la plenitud del XI, cuando se produce el cambio de mentalidad. Grupos de jinetes armados, más o menos profesionales de la guerra, que a menudo viajaban ofreciendo sus servicios castrenses al mejor postor, de extracción acomodada pero no boyante y socialmente escasamente estimados, comenzaron a medrar y a adquirir un peso social.A partir de la segunda mitad del siglo XI y más evidentemente a comienzos del siglo XII, la Iglesia interviene en ese grupo de jinetes armados a caballo, cada vez más numeroso, pero sobre todo cada vez más influyente, para acercarlos a su seno. De este modo se sacralizó la ceremonia de ingreso y se establecieron unas normas cristianas de conducta en el ejercicio de la caballería armada.Esta influencia eclesial, de mucho peso en aquel entorno histórico, conducirá a los guerreros a caballo de la Europa medieval de la segunda parte de la Edad Media a la toma de conciencia común de pertenencia a un mismo contingente, a una misma hermandad. A considerarse miembros de un común cuerpo armado, con independencia del señor feudal al que sirvieran específicamente. Cuerpo, contingente, hermandad, de carácter ideal, sin sustento jurídico real, basado en la común aceptación de unos valores superiores que suponían una ordenanza total de la propia vida, no solo de su actividad guerrera. Hermandad que compartía unos principios que entonces, como ahora, no eran de uso común en la sociedad. Valores definidos por un ideal de altruismo cristiano, de caridad. La caballería se convirtió realmente así, influida por la Iglesia, en un estado de vida.Esta hermandad ideal, que se denominó espontáneamente como Orden de Caballería, comenzó su andadura común sin jerarquía alguna. No existía prelación entre los caballeros. La propia condición de caballero era en sí misma tan alta jerarquía, tan insigne condición, que equiparaba al rey con el recién armado caballero.Es a esa Orden de Caballería a la que se refieren los más insignes y modélicos autores medievales: El infante don Juan Manuel, el fraile franciscano fray Raimundo Lulio o el propio rey don Alfonso X, el sabio.Previamente a la intervención eclesial, la recepción en la caballería se realizaba mediante la simbólica entrega de las armas propias del caballero, la espada y las espuelas. Posteriormente la propia Iglesia sacralizó los ritos. Así, el ingreso en la Orden de Caballería se vio transido de todo un ritual que el propio infante don Juan Manuel, ya en el siglo XIV, consideró una manera de sacramento al alcanzar una formalidad que le asemejaba en mucho a la recepción del sacramento de las órdenes sagradas. Para concluir, reseñar que este rito de iniciación, de recepción en la orden de caballería requería, al igual que en los sacramentos, de un ministro. Ministro que se definía por mano de otro caballero que ya hubiera sido armado conforme al rito eclesial establecido. Y aunque en la orden de caballería se evitaran las jerarquías, tradicionalmente el caballero con más antigüedad en la orden de caballería era el encargado de armar nuevos caballeros.

AUNQUE VIERNES: IMÁGENES

Hoy es viernes, improbable lector, lo sé. Y trece, que para los ingleses es un signo de mal augurio. Pero hoy prefiero añadir a la cadencia de entradas que conforman este tedioso blog algunas imágenes porque mañana sábado no lo haré, recordaré en cambio, y daré un repaso, a esos ingleses que consideran el viernes como un mal día. ¡El viernes!, ¡que para los que somos pobres y debemos trabajar duramente para poder comer todos los días es el anuncio del fin de semana!
Hoy, efectivamente, expondré algunas instantáneas que he tomado de la red sin permiso, relativas a la heráldica expuesta en el panteón de infantes del monasterio de El Escorial.


Se trata de una heráldica decimonónica. Hoy extraña en parte. Manifiestamente incumplidora de la ley de la plenitud y muy centrada en las brisuras, que en cualquier caso en la descendencia de la real familia manifiestan bastante sentido.
Colección heráldica que, lanzo el guante a quienesquiera que deseen recogerlo, debería estar catalogada, inventariada, listada en alguna obra editada por el propio patrimonio nacional.
No hay más que contar. Imágenes de las salas en las que desde hace unos meses no está permitido tomar fotografías salvo que se cuente con un permiso expreso.






jueves, 12 de abril de 2012

PROPIAS ARMAS

Se ha hablado en repetidas ocasiones, y bien, de un excepcional diseñador heráldico informático que atiende en la red por Heralder.

Hoy, en un alarde de soberbia, expongo a su admiración, improbable lector, el excepcional trabajo realizado sobre el diseño de mis propias armas. Brillante. Académico. Repare en los detalles.

Las que siguen son las palabras de presentación de su obra del propio Heralder:

El archivo presentado en su blog, referencia básica para el trabajo.


 Entrega de sus armas en blasón español


y común de la heráldica gentilicia.


Sus armas, diseño común.


Sus armas con diseño más adecuado (en mi opinión) para caballeros de una orden y oficiales.

Añado dos bastones como heraldista (decorados con el distintivo de la heráldica militar y las lises de la Dinastía).


 Sus armas con bastones y distintivo de diplomado.


Como oficial del Ejército del Aire, he pensado en incorporar el sable que se le atribuye como oficial.

Para diferenciar el sable con los escudos de algunas unidades del ET, éste tiene la hoja representada de sable. Como bien sabe, los sables de unidades son en su totalidad de oro. Esto permitiría diferenciar fácilmente las armas de un oficial de las de una unidad.


He ajustado el diseño del sable al usado por el Ejército del Aire:

Fuente


Detalle del sable


Alguien con cierta picardía podría acusarle de pretender “suplatar” la divisa de un oficial general pero eso no es así, las diferencias entre el sable y bastón de éstos y los de un oficial y heraldista saltan fácilmente a la vista.

Escudo posible para oficiales generales siguiendo esta propuesta y basándose en los ya utilizados por unidades del ET (omito la corona atribuida a éstos).


Si compara con su escudo tanto el sable como el bastón tienen un diseño diferente. Además el bastón de heraldista se representa en otro sentido.

Y qué proponer en caso de un oficial general y autoridad heráldica… pues esta solución:


Se observa que los bastones son claramente diferentes.


Sus armas con bastón sable y distintivo de diplomado en heráldica militar.

Y ahora otra pequeña sorpresa, de nuevo su blog es ayuda inestimable:


Su Señora (armas familiares)


Su Señora como mujer casada


Su Señora en alianza con las suyas