Con motivo de celebrarse este año el cincuentenario del matrimonio del rey Balduino I con la española doña Fabiola de Mora y Aragón, la Asociación de diplomados en genealogía, heráldica y nobiliaria, como clase extraordinaria del curso 2010-2011, ha organizado una conferencia que, bajo el título Medio siglo de la Boda Real de Bruselas, impartió con brillantez su vicepresidente, don José Luis Sampedro Escolar.
Cifra de la reina doña Fabiola
El acto se desarrolló en el palacio de la calle de Zurbano en el que nació, en 1928, la que habría de convertirse en 1960 en soberana de los belgas. Comenzó con las palabras de salutación de la presidenta de la asociación, Elena Fernández del Cerro, que agradeció las facilidades dadas por el ministerio de Fomento, que es actualmente responsable del palacio, propiedad del Estado español, así como la presencia de los asistentes, más de un centenar, entre los que se encontraban los marqueses de Casa Torres, sobrinos de la reina Fabiola.
Firma de actas durante la boda civil de Balduino y Fabiola
El conferenciante, numerario de la Real academia matritense de heráldica y genealogía, trazó una amena panorámica de las circunstancias históricas en las que se produjo este matrimonio, siguiendo en lo fundamental el relato del cardenal Suennes, protagonista directo de aquellos acontecimientos, comentando un gran número de imágenes ilustrativas de su disertación.
Armas del cardenal Suennes
En este blog se habla de heráldica. Las que siguen son las armas acoladas de los monarcas belgas, resaltando la particularidad de que se acuñase moneda con la heráldica de la reina consorte.
Moneda de 1993 con el escudo del rey de los belgas acolado al de los Mora y Aragón; en escusón, las armas de los marqueses de Casa Riera.
Billete en que se advierten las armas de los reyes acoladas
Armas del rey de Bélgica, acoladas al cuartelado de Mora y Aragón, con escusón del marquesado de Casa Riera, que usa la reina Fabiola.


















Es la relativa a la ceremonia de recepción en la orden de la caballería, que fuera tradicional en Castilla y León para significar la madurez o el acceso al poder de los reyes.
En estos reinos, la mayoría de edad de los hijos de la real familia se alcanzaba en torno a los catorce años. A tal efecto se celebraba, con toda la solemnidad requerida por la ocasión, la ceremonia de admisión en la orden de la caballería y el consiguiente acceso a la condición de guerrero cristiano del infante real.
La recepción en la orden de caballería se desarrollaba con el sabido ritual, cuya parte culminante era el momento en el que se apoyaba la hoja de la espada sobre ambos hombros del caballero al tiempo que se pronunciaban las palabras in hoc signo, dignitatem equestrem obtines, que significan, con este signo obtienes la dignidad de caballero, añadiéndose después el sabido: Que Dios y el apóstol Santiago os hagan buen caballero.
Para realizar esta ceremonia, que era habitual entre todos los caballeros, no solo en el ámbito de la real familia, se requería siempre a otro caballero de más dignidad, o edad, o sabiduría, que era quien transmitía la orden de caballería. Pero, ¿quién hacía caballero al rey? ¿quien podía, entonces como hoy, considerarse por encima del rey?
Para solventar esta cuestión, el ingenio medieval castellano fabricó una estatua de madera del apóstol Santiago, sedente, portando una espada. Esta imagen, a través de un mecanismo interior, permitía manipular el brazo derecho para dejar caer la espada de la estatua sobre los hombros del rey.
Tal día como hoy, veintisiete de noviembre, en 1217, en el monasterio de las Huelgas de Burgos, el rey san Fernando, todavía soberano solo de Castilla, fue aceptado como rey, entronizado, por medio de la ceremonia de recepción en la orden de la caballería. Orden que recibió de manos de la estatua de Santiago que, aun hoy en día, puede admirarse en el cenobio burgalés.

















