lunes, 8 de junio de 2009

APUNTES VEXILOLÓGICOS VI: ESTANDARTES

Se hablaba recientemente, al hilo de las entradas relativas a motivos vexilológicos, del envidiable colegio de armas de Inglaterra. Institución que agrupa a los oficiales de armas. Se trata de aquellos funcionarios de la administración gubernamental de aquel reino encargados del registro de escudos heráldicos y de dirigir determinadas ceremonias institucionales relacionadas con el ejercicio de la monarquía.

Se comentó en aquella reciente entrada una fotografía que mostraba los estandartes de los tres reyes de armas ingleses, pendientes en una de las salas del colegio de armas:Hoy se desea llamar su atención, improbable lector, sobre una fotografía tomada en el mismo colegio de armas. En ella de nuevo se advierte la presencia de estandartes pero ya no de los reyes de armas sino de otros de los oficiales de armas de aquella institución.
Se propone hoy repasar las señales que sirven como propias del empleo de cada uno de los oficiales de armas, algunas de las cuales aparecen representadas en los estandartes de la fotografía que hoy se propone a su consideración.

Esta serie de oficiales de armas ostentan tres categorías jerárquicas diferentes: El más bajo escalón es ocupado por los persevantes, de entre los que se elijen a los que ocuparán la siguiente categoría, los heraldos y por fin, la cúspide de la jerarquía se define por el oficio de rey de armas.

Los reyes de armas son tres, cuyos títulos tradicionales, sus heraldías, mantienen referencias a la realeza: El rey de armas de la Jarretera, el rey de armas de Clarenceux y el rey de armas de Norroy y Ulster.
Los heraldos son seis, cuyas heraldías hacen referencia a diferentes lugares o a algunas de las dinastías de la monarquía inglesa: El heraldo de Chester, el de Lancaster, el heraldo de Richmond, el de Somerset, el de Windsor y el heraldo de York.
Por fin, los persevantes son solamente cuatro, cuyos títulos invocan varias figuras relacionadas con la monarquía de aquel reino: El persevante del manto azul, el del rastrillo, el persevante de la cruz roja y el del dragón rojo. Existen además seis heraldos y un persevante extraordinarios, que se pueden nombrar para atender ceremonias determinadas, pero no son parte del colegio de armas si bien, lógicamente, mantienen una gran vinculación con la institución.

domingo, 7 de junio de 2009

CORONA IMPERIAL

La corona imperial que timbra la columna diestra de las armas de nuestra nación, el reino de España, fue definida por ley, aprobada por las cortes, como corona diferente a la que se ha considerado como imperial tradicional, a consecuencia de sus esmaltes. Don Gregor Kollmorgen, desde Alemania, al hilo de las recientes entradas sobre el asunto, propone una serie de ideas que, por su evidente interés, se exponen a continuación.

Estimado amigo:

Respecto a las recientes entradas concernientes la corona imperial una aclaración brevísima:

El dato fundamental que hay que tener en cuenta es este: Hay una corona imperial propia, que es la que se aprecia en las imágenes tercera y cuarta de su último post, y de la cual se dice que "Probablemente esta corona fue realizada en algún lugar del oeste de Alemania a finales del siglo X, durante el reinado del emperador Otón I".Pero ya desde la edad media se consideraba que pertenecía al Emperador Carlomagno mismo, y como Carlomagno se veneraba como Santo (sigue siéndolo, con aprobación de la Santa Sede, en la diócesis de Aquisgrán), la corona era considerada reliquia. Era uno de los tesoros más valiosos del Imperio. Por eso únicamente se usaba en la coronación, para la cual cada vez fue traída desde su lugar de resguardo en Nuremberg.Por eso, cada emperador se hizo hacer una corona que llevar durante su reinado. Esas fueron las llamadas "coronas de casa" (Hauskrone), un ejemplo de las cuales es la de Rodolfo II (que Francisco II, después de proclamarse Emperador Francisco I de Austria, eligió como corona Imperial de Austria).La forma de esa (como de las otras "de casa", y también las que se usan en la heráldica) proviene no obstante de la propia, porque cuando se llevaba (por lo menos originalmente), se llevaba una mitra debajo, pero girada 90 grados para acomodar el arco. La mitra formaba parte de los pontificales, cuyo uso fue concedido por privilegio papal al Emperador en su coronación, ceremonia que incluía su instalación como canónico de San Pedro y su inclusión en el estado clerical. Tenía el privilegio de preparar el cáliz en la misa de su coronación, ejerciendo de subdiácono, y de cantar el evangelio en la Misa papal de Navidad, revestido de diácono. Su ornato como Emperador incluye también la estola, cruzada, como la llevan los sacerdotes.

Espero que estas ideas puedan alumbrar la cuestión un poco.

Cordialmente,

Gregor Kollmorgen

sábado, 6 de junio de 2009

BERTRAND DU GUESCLÍN

Acompañan a esta entrada las armas del que fuera general al servicio del reino de Francia, enviado a España a apoyar a uno de los bandos en la guerra civil que asolaba el reino de Castilla y León, en el siglo XIV. Se trata del general bretón, a las órdenes del rey de Francia, Bertrand du Guesclín, quien se hiciera célebre en estos reinos por su frase: Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor, aludiendo a la defensa del que sería el rey Enrique II de Trastámara, el fratricida, en la lucha cuerpo a cuerpo contra su hermano de padre, el rey don Pedro I, el justiciero.El rey Enrique II, en atención a su ayuda, le cedió su propio condado de Trastámara, creándole además I duque de Molina.

viernes, 5 de junio de 2009

ORDEN DE CABALLEROS DE SANTA MARÍA DEL PUIG

Se recupera esta antigua entrada que sigue, sobre la orden de caballeros de Santa María del Puig, al hilo de las recientes notas sobre la vigencia de las corporaciones de caballería.La palabra puig, en la lengua española denominada catalán significa montículo. Existe desde tiempos de la reconquista un célebre monasterio, cercano a la ciudad de Valencia, asentado sobre lo que se denomina el Puig de Santa María.

La fundación de este cenobio obedece a la voluntad del rey de Aragón, don Jaime I el Conquistador, en 1238, cuando iniciaba el asedio a la ciudad de Valencia.Cuenta la tradición que descubierta una imagen de María Santísima dibujada sobre una tabla por un peón de la hueste, la confió a Pedro Nolasco que atendía como capellán la campaña. Éste la hizo mostrar al rey, que consideró el hecho milagroso y ordenó edificar en el lugar una ermita que sirviera de acomodo a la tabla.Ya en 1240, ganada Valencia para la cristiandad, el rey don Jaime ordenó que fuera la imagen de María del Puig la patrona de la ciudad y encargó a la recientemente fundada orden de la Merced, la custodia y culto a la imagen y la agregación de un monasterio a la ermita.En el lugar existe aun hoy un cenobio de creación posterior que sirve como sede para la Orden de caballeros de Santa María del Puig. Como en el resto de órdenes de caballería vigentes en España, el verdadero motor de su existencia se define como la exaltación de los valores propios de la caballería.

Esta corporación no exige probar más nobleza que la derivada de los propios méritos. Méritos que definen, hoy como ayer, la verdadera nobleza. La llamada nobleza personal. La búsqueda de la honrada distinción en todos lo ámbitos de la vida personal.En tal sentido, se exige de los caballeros que deseen el acceso a la orden poseer reconocidas cualidades humanas, profesionales, culturales y religiosas.Es el vice gran maestre de la orden el general don Sabino Fernández Campo, conde de Latores, grande de España. Las que siguen son sus armas, diseñadas por don Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, marqués de la Floresta, como cronista de armas de Castilla y León.El hábito capitular de la orden de caballeros de Santa María del Puig es blanco, con el escudo de la orden, aquel que iniciaba esta entrada, bordado sobre el costado izquierdo.

jueves, 4 de junio de 2009

LA NOBLEZA DE DOÑA LETIZIA, PRINCESA DE ASTURIAS

Decía mi abuela, señora distinguida ella, que nadie, nadie decente al menos, se ha muerto de verdad si no ha aparecido su esquela en el ABC. Claro que ahora que el ABC es propiedad de los vascos y se ha vuelto un periódico extraño no sé que pensaría.

En cualquier caso, su nieto, que estas líneas escribe, lee un diario gratuito que un amable inmigrante le da en mano por las mañanas antes de entrar a trabajar. En ese diario he tenido la oportunidad de leer una noticia que me ha producido cierta inquietud.Se trata de un artículo relativo a que un afamado genealogista, don José Cordero, ha descubierto, hace ya tiempo, el enlace genealógico entre doña Letizia, princesa de Asturias, y el rey de León don Fernando II, soberano entre 1157 y 1198, abuelo paterno de nuestro rey san Fernando III de Castilla y León.La noticia señala que la investigación continúa ahora su búsqueda en demanda de entronques genealógicos que apuntarían hacia don Gonzalo Fernández de Córdoba, el gran capitán. Y lo más sorprendente es que, apostilla la periodista que firma con el sugerente pseudónimo de Runrún, la Casa Real ve con buenos ojos esa investigación que haría de doña Letizia descendiente de antiquísimos héroes y reyes españoles.La genealogía es una ciencia que investiga los ascendientes de un individuo. Habitualmente, al menos en nuestro entorno, se realiza un estudio genealógico con el fin de entroncar con miembros de la nobleza para poder reclamar el acceso a cualquiera de las numerosas corporaciones nobiliarias que existen en España.Hace escasos días se apuntaban unas líneas sobre las órdenes de caballería que actúan en España, y se exponía el acierto que supone que estas corporaciones de caballeros no exijan probar más nobleza que los propios méritos. Son los méritos los que definen, hoy como ayer, la verdadera nobleza. La llamada nobleza personal. La búsqueda de la honrada distinción en todos lo ámbitos de la vida personal.¿Y es que alguien duda de la nobleza adquirida por doña Letizia en el ejercicio de su difícil papel de embajadora de España ante el mundo? ¿Alguien pone en cuestión la absoluta majestad de su comportamiento en todos los ámbitos de su vida?¿No debe considerarse ya suficiente nobleza el evidentemente difícil ejercicio de su puesto institucional como princesa de Asturias, compaginado ejemplarmente con su vida como madre de dos hijas? Y lo que es más grave, ¿es que alguien se atreve a poner en duda la nobleza de una reina de España, que en su día lo será?Nadie duda de que la investigación genealógica es siempre un sano ejercicio que reporta muchos beneficios de todo orden: Alivia la innata curiosidad de conocer nuestro pasado; reporta datos sobre personas que, aunque desconocidas, son familia; y nos apunta incluso datos médicos que pueden resultar esclarecedores de posibles enfermedades.Nuestra opinión, tan válida como cualquier otra, es que nos parece innecesario querer ennoblecer por medio de un entronque genealógico a una princesa que, por su propio título y sobre todo, por su modo vital es ejemplo de distinción y de entrega al trabajo realizado por España, meritos que definen, hoy como ayer, la verdadera nobleza.