martes, 14 de diciembre de 2010

BAJO PALIO

Nuestra especie, al menos en los llamados países desarrollados, ha sido capaz de dominar en buena medida la naturaleza circundante: Hemos exterminado las fieras que ponían en peligro nuestra vida, o las hemos circunscrito a una existencia testimonial en los llamados zoológicos;
se ha creado una vivienda que permite tanto el acceso al agua corriente, por muy lejano que se encuentre el embalse, como el uso de electricidad, que asegura el funcionamiento de sofisticados tecnodomésticos;
se ha avanzado en la investigación encaminada al alargamiento de la vida; se han llegado a enviar expediciones al satélite de nuestro planeta y naves no tripuladas a otros mundos cercanos… pero no hemos conseguido dominar el clima.
De las inclemencias del tiempo nos es posible refugiarnos, pero no somos capaces de evitar que se produzcan. Algo tan simple y tan cotidiano como la lluvia aún hoy, con toda la tecnología de que dispone, el hombre no es capaz de provocarla a voluntad o de evitar su aparición.
Para defendernos de la lluvia a la intemperie y de otras inclemencias se ha recurrido, dicen que desde antiguo, a un utensilio individual que denominamos paraguas, pero existe otro instrumento fabricado para el mismo fin, hoy en desuso a pesar de su antigüedad, que se denomina palio.
El palio, como ya sabe improbable lector, es un toldo que, sostenido por varales, sirve para resguardar de las inclemencias del tiempo. Es tradición eclesiástica utilizar el palio para proteger a sus autoridades.
Del mismo modo, el palio es utilizado para resguardar las imágenes sagradas y el santísimo sacramento.
Nuestra Iglesia, sabiamente amiga de los poderosos, ha sabido extender el uso del palio a las autoridades no eclesiásticas. Así, desde antiguo, los soberanos de cualquier territorio de la cristiandad se han visto obsequiados con el uso del palio al entrar en el ámbito eclesiástico, en sagrado.
 Aquellos que han querido ver en el uso del palio una especial predilección por parte de la Iglesia hacia el generalísimo, anterior jefe del Estado, se equivocan o desconocen la historia culpablemente.
Es de todos conocido el cuadro que recoge la coronación como emperador del rey don Carlos I de España.
En el mismo, se puede observar al obispo de Roma, el papa, cabalgando junto al rey de España, cubiertos ambos por el palio eclesiástico.
De la misma forma, todos los soberanos de España, al acudir institucionalmente a cualquier recinto sagrado de cierta entidad, han sido recibidos, y han hecho su entrada en sagrado, cubiertos bajo palio.

La instantánea que sigue recoge un momento del capítulo bienal de la orden militar de san Hermegildo. El rey de España, don Juan Carlos I, recorre el recinto sagrado de la basílica de El Escorial bajo un palio eclesiástico sostenido por generales, almirantes y coroneles. El uso del palio resguarda al monarca, obsequia su persona y reconoce su autoridad.
En las instantáneas que se proponen a continuación de estas líneas se observa la reciente entrada en sagrado de monseñor Salvatore Cordileone, ordinario de la norteamericana Oakland:

Para concluir, se expone la siguiente fotografía, tomada del mismo modo en Norteamérica, donde se observa un palio que cubre a un obispo revestido con los ornamentos necesarios para portar el santísimo sacramento en procesión.
Para concluir, y de alguna forma justificar esta entrada en un blog de heráldica, deseo llamar su atención, improbable lector, sobre los estandartes que acompañan la comitiva de la imagen anterior, que muestran sin rubor las armas del ordinario y auxiliares del lugar.