jueves, 3 de marzo de 2011

EXPOSICIÓN EN PARÍS

El Museo de la Legión de Honor, de París, exhibe, hasta el día 29 de mayo próximo la exposición Insignias imperiales, esplendores diplomáticos del Segundo Imperio (Ecrins impériaux, splendeurs diplomatiques du Second Empire) mostrando la colección de condecoraciones de Napoleón III, de la Emperatriz Eugenia y del Príncipe Imperial.

Este magnífico conjunto de joyas se salvó del saqueo y del incendio de las Tullerías en 1871 y fue cedido al estado francés en 1979 por S.A.I. el Príncipe Napoleón, Jefe de la Casa Imperial de Francia, y conservada desde entonces en el Castillo de Compiègne.
Desde las insignias de La Jarretera, otorgada en 1855 a Napoleón III por la Reina Victoria a las de la Orden rusa de San Andrés (que comportaban en lote las principales órdenes zaristas) pasando por un Toisón guarnecido de zafiros o la bávara de San Uberto con diamantes finalizando con el emotivo recuerdo del heroísmo del Heredero frustrado, representado en la medalla que en 1879 se le concedió a título póstumo y conservó su madre.

De miércoles a domingo, de 13:00 a 18:00, entrada libre
Cerrado el Primero de Mayo

Lugar: Musée de la Légion d'Honneur et des Ordres de la chevalerie
2 rue de la Légion-d`honneur , 75007 PARIS
Teléfono: 01 40 62 84 25
Fax: 01 40 62 84 96

miércoles, 2 de marzo de 2011

HERÁLDICA ¿CIENCIA O ARTE?

SOBRE LA DOBLE CONDICIÓN DE ARTE Y DE CIENCIA DE LA HERÁLDICA: ALGUNAS PRECISIONES NECESARIAS


Doctor don Florentino Antón Reglero
Capitán de la Marina Mercante Española
Master Universitario en Derecho Nobiliario y Premial, Heráldica y Genealogía


Me ha dicho un entrañable amigo, al que respeto profundamente por ser él un sabio maestro en estas lídes de la ciencia heroica, que exprese mi pensamiento sobre la condición de arte que poseen las formas heráldicas. También he dicho ya en más de una ocasión, siendo otros los foros y las circunstancias, que, para mi, la Heráldica «es la ciencia que tiene por objeto la búsqueda, el estudio, la descripción y el análisis del significado de aquellos símbolos en uso con carácter épico que, como fenómeno sociocultural, surgen de forma espontánea entre los siglos XI y XIII y llegan a nuestros días configurados con arreglo a normas propias y específicas cuyos contenidos reciben en su conjunto el nombre de “Arte del Blasón”». Visto así, viene al caso lo que la Real Academia nos dice que debemos entender por arte, al que define en una de sus acepciones como el conjunto de preceptos y reglas necesarias para hacer bien una cosa. En este caso, si nos atenemos a las formas heráldicas, es decir, a las armerías, las siete clásicas leyes del blasón, más la octava, la de la nitidez, constituyen el conjunto de preceptos que resultan necesarios para hacer bien la composición y el diseño de los blasones.
Sin duda es a esta actividad artística a la que los heraldistas han dedicado más tiempo y más esfuerzo. Posiblemente porque sus resultados plásticos tienen, como en toda obra bella, la capacidad de mover muchas sensibilidades del alma. No olvidemos que los símbolos poseen la habilidad de producir asociaciones subliminales capaces de generar emociones perceptibles por nuestra conciencia.
Tengo para mí que ese conjunto de pautas de diseño deben ser agrupadas, por su activo y particular significado, en lo que podemos considerar tres «criterios», entendiendo por criterio aquella norma que nos conduce a la verdad objetiva: el de la Nitidez, al que he hecho referencia al hablar de la octava ley; el de la Composición, al que debemos adscribir las leyes relativas a la ordenación de las figuras, a su proporción y a su simetría; y el del cromatismo, que contiene la ley de los esmaltes, y se entiende no sólo en lo que afecta a la combinación de los colores, sino también a su naturaleza, por lo que en este punto sirve de complemento al de la nitidez.
Contemplado así este conjunto de normas de diseño es fácil comprender que nos encontramos ante un verdadero canon estético regla sobre la manera de hacer cosas bellas, y siendo su tiempo el de la plenitud medieval, desde el enfoque antropológico que damos a esta ciencia es comprensible que pensemos que sus preceptos se hallan íntimamente ligados al concepto que de la belleza tiene, tanto a nivel individual como colectivo, la sociedad europea de ese periodo tan singular de su historia.
Fue precisamente a demostrar de forma empírica esa hipótesis, nada singular por lo demás, a lo que hemos dedicado algún tiempo de nuestros trabajos. Visto así, nos resultaba del máximo interés descubrir y comprender el origen, la naturaleza y la fuerza expresiva de un diseño que, en parte por estar bien definido, ha sido capaz de llegar a nuestro tiempo sin alteraciones perceptibles de su esencia. El resultado de nuestra investigación puso de manifiesto ante nuestros ojos el absoluto nivel de relación existente (concordancia) entre el canon estético que hoy consideramos propio del diseño de las formas heráldicas y el concepto de belleza que tenía el hombre del medioevo.
Piensan algunos que el disponer la Heráldica de este conjunto de normas es lo que la define como ciencia. Y en parte puede ser verdad. Pero la cuestión no es tan sencilla. Para que las llamadas “leyes del blasón” que hoy manejamos, y acabo de estructurar, tengan valor de ciencia, es necesario que su explicitación responda a conclusiones razonadas del resultado de muchas observaciones previas, sistemáticas, hechas con método, capaz de ser acumuladas y comprobadas, de tal modo que, una vez deducidos sus principios, se conviertan en enunciados generales válidos. Las formulaciones previas a cualquier demostración son simples hipótesis. Y las hipótesis, por sí mismas no son ciencia, se quedan en puntos de partida que hay que demostrar por muy bueno que sea el argumento en que se ha basado la propuesta. La cuestión que se nos plantea aquí es si los academicistas hicieron el trabajo de estructurar el conocimiento heráldico bajo criterios epistemológicos, simplificando, científicos, de lo que resultaría su valor; o bien, cuánto de todo ello suplieron con su propio ingenio, lo que ya no sería ciencia. Estamos en la sociedad del conocimiento, y debemos distinguir muy bien la diferencia entre datos, información y conocimiento propiamente dicho. La recogida de datos, y su ordenada clasificación para que puedan ser considerados información, no es saber científico. Pero sí puede constituir su base cuando se ha hecho bien y permite realizar un análisis posterior del que obtener conclusiones válidas. Tengo amigos que están trabajando en esa dura, por meticulosa, labor; y lo están haciendo a partir de documentos medievales. No nos cabe duda que ese esfuerzo, nunca suficientemente agradecido, y de incalculable valor, podrá servir a otros investigadores para llegar a comprobar qué tanto de lo que manejamos hoy pertenece a la tradición heráldica y cuánto es simple especulación academicista. 
Nos dice Miguel Arista-Salado que Menéndez Pidal de Navascués ha resuelto el problema de la Heráldica = ciencia al afirmar que su estructura «se establece a partir de la interrelación de tres planos: tipo, soporte y significado», y que esa afirmación la hace ser independiente de la Historia y de la Antropología. Sin duda es un buen aporte el que nos brinda Navascués, pero no veo cómo la interpretación que de él hace Arista-Salado resuelve el problema. Además, resulta interesante comprobar cómo al hacer estas mismas afirmaciones nuestro Ilustre Académico, aunque con mejor expresividad lingüística, en su ponencia del I Seminario sobre Heráldica y Genealogía, celebrado en Zaragoza en 1984 (publicada en Leones y Castillos por la Real Academia de la Historia, 1999, pp. 15-34), dice también, y cito textualmente, que «El tercer enfoque [de los emblemas heráldicos] consiste en estudiarlos desde el punto de vista humano, tanto en los aspectos psíquicos, del individuo, como sociales, de la colectividad», y eso, después de haber afirmado también que el término «ciencia heráldica» no le parece apropiado. Sigo diciendo que la Heráldica es una ciencia si aplicamos a las investigaciones métodos que así lo vayan corroborando, pero no veo cómo por aislada del resto de las ciencias que pueden reforzar su conocimiento científico y su capacidad de análisis estamos dándole mayor valor.

martes, 1 de marzo de 2011

ESTANDARTES. BANDERA DE PRESENCIA

Nuestros compañeros de la Armada han sabido afrontar la modernidad sin renunciar a sus más genuinas tradiciones. Admirable.
Una muestra de esta práctica correctísima es la relativa a la bandera de presencia. Consiste en izar en uno de los palos, antes de madera para sustentar las velas y hoy metálicos para permitir las comunicaciones, una enseña que indica la presencia del comandante del buque a bordo. A tal fin se usa el tercer repetidor: un estandarte corneta blanco recorrido por una faja negra.
Durante siglos, dado que los oficiales de buque fueron invariablemente nobles, se utilizaba para señalar su presencia a bordo un paño con las armas del comandante o, en su defecto, se abreviaban las armas reales y se disponían las particulares en uno de los cuarteles.
Pero esta práctica no se limita al ámbito naval. En determinadas casas, aquellas que aún mantienen sus tradiciones propias, igualmente se usa un distintivo para indicar la presencia del titular del solar. Habitualmente, como en los buques de antaño, una bandera en la que se han representado las armerías.
Hoy se expone una breve serie de imágenes en las que se pone de manifiesto esta práctica: el izado de enseña que indica la presencia del titular de las armerías.
En el Palacio real de Madrid, cuando nuestro rey acude a celebrar las ceremonias propias de su altísima condición se iza en la fachada sur, pareja a la bandera nacional, el estandarte real.

Y en su residencia de la Zarzuela se exhibe su estandarte cuando el rey se encuentra en palacio:
De la misma forma, el príncipe de Asturias anuncia su presencia en palacio exhibiendo en la entrada principal su propio estandarte.

La duquesa de Medinaceli, actual titular de la desposeída dinastía de la Cerda, igualmente, en el antiquísimo palacio, pero aún en uso, conocido como Casa de Pilatos de la capital andaluza, dispone bandera blanca con sus armas sobre el arco de entrada al recinto.
Y por fin, se muestran varias imágenes del estandarte real de Inglaterra que indica, del mismo modo, la presencia de la soberana de aquellos lares en las diferentes estancias que ocupa.
En su residencia del castillo de Windsor:

En el parlamento, cuando acude a inaugurar el curso de sesiones:
O incluso en los aviones en los que viaja:
Mientras redactaba esta entrada he propuesto a mi mujer que dispusiésemos un mástil en el que poder izar una bandera con mis armas. La lástima es que habitando una casa estilo revolución industrial, un palo con un estandarte resultaría chocante.
Le he explicado entonces que, en vez de bandera, podría recurrir a un pequeño escudo en la pared del porche de entrada que indicara mi presencia en el interior. O mejor, una serie de clavos en los que poder colgar pequeños escudos que señalaran quiénes se encuentran en casa. Su respuesta ha sido contundente: Campeón, vas a acabar como don Quijote; deja ya de escribir tonterías y ponte a estudiar con los niños. Improbable lector, me voy a repasar mi EGB.

lunes, 28 de febrero de 2011

POSIBLES ARMAS DE LOS NUEVOS MARQUESES, Y III

Para dar conclusión a las entradas con idéntico título se expone un somero argumento:

Ha llamado la atención en determinados sectores sociales el título otorgado a don Vicente del Bosque. Sus orígenes, de dignísima extracción social popular; su ausencia de envaramiento a pesar de los logros alcanzados al frente de la tarea que se le encomendó en la selección nacional de fútbol; y el escaso respeto que merece el deporte en España, han contribuido a considerar sorprendente, por excesivo, su merecido acceso a la nobleza.

Se reitera parte de un texto ya expuesto en este tedioso blog. Pretende reflexionar en dos pinceladas sobre la bondad de la concesión de títulos a los españoles que se puedan hacer acreedores de tales mercedes. Para ello se recurre al sistema premial comparado entre nuestro reino, España, y Gran Bretaña:

Tony Blair alcanzó a ser primer ministro de Gran Bretaña en 1997, abandonando el puesto en 2007.
A pesar de ser miembro del partido laborista, la izquierda política de aquellas tierras, se concedieron durante su gobierno nada menos que trescientos cincuenta y siete títulos nobiliarios.
Ese acierto viene a demostrar que se trataba de un representante político que sabía reconocer los méritos de los individuos que se hicieron acreedores de tales premios, proponiéndolos como acicate a la sociedad en su conjunto para lograr el necesario progreso social.
Frente a los trescientos cincuenta siete títulos que se concedieron en Gran Bretaña entre los años 1997 y 2007, en España se han otorgado, durante los treinta y cinco de años de feliz monarquía actual, tan solo cuarenta y cinco. Estos datos arrojan una media de treinta y cinco títulos anuales creados recientemente en Gran Bretaña. En España algo más de uno por año.

POSIBLES ARMAS DE LOS NUEVOS MARQUESES, II

Hoy  me permito continuar aburriéndole, improbable lector, con este exabrupto ficticio relativo a las armas que podrían adoptar los noveles nobles españoles. Se trata más de un ejercicio de humor que de otra cosa.


El I marqués de Del Bosque

Hubiera sido más sonoro y significativo marqués de la Roja, popular nombre de nuestra selección, pero quizá se hubiera confundido con algún personaje histórico (con perdón).
La denominación escogida para este nuevo marquesado, desde luego, no rebosa imaginación: marqués de Del Bosque. ¿Lo aprecia, improbable lector? se produce cierta cacofonía al repetir la preposición de. Aunque peor efecto hubiera transmitido el recurso a la costumbre decimonónica de anteponer al apellido del primer titular el conocido casa de. El título marqués de la Casa del Bosque hubiera resultado más adecuado para alguno de los personajes de los cuentos de Perrault, de los que se apuntaba algún detalle hace escasos días.
Para el nuevo noble, que tanta gloria deportiva ha dado a España, propongo las armas que ha diseñado mi amigo don Fernando Martínez Larrañaga en su excelente blog. Dado que el marqués posee un apellido con significado actual, efectivamente conviene recurrir a un mueble parlante.
No obstante, dado que su trayectoria vital ha venido culminada por el triunfo de la selección nacional de fútbol, añadiría escusón de gules, esmalte de la popular camiseta, con una estrella de oro de cinco puntas, que signifique la victoria alcanzada.


El I marqués de Vargas Llosa

Hay que tomar en consideración que don Mario Vargas Llosa ya pudiera poseer armas registradas en el divertido reino de Redonda, toda vez que no se trata su acceso a la nobleza sino de una reiteración de la misma: En 1999 recibió de manos del rey don Javier I Marías el título de duque de Maravillas, por su contribución a la literatura universal.

En cualquier caso, yo le otorgaría, sin reflexionar excesivamente, un sembrado de becerros que, como recordará improbable lector, es la voz utilizada para blasonar un libro abierto. Efectivamente, una vida dedicada a la literatura no admite otro escudo.


El I marqués de Villar Mir

De don Juan Miguel Villar Mir desconozco su devenir vital, más allá de su paso por la política, donde llegó a ser nombrado vicepresidente del gobierno de España; su éxito como empresario, siendo el actual dueño de un holding empresarial de gran prestigio y solvencia; y su inicial vocación materializada en una cátedra de ingeniero de caminos, canales y puertos.

En consecuencia recurriría a la faceta que intuitivamente aparece como, quizá, la más apreciada por él mismo, su profesión de ingeniero. Consecuentemente podría adoptar por armas un campo de azur, con un puente de oro, sobre ondas de plata y azur. Diseño que se podría acompañar en lo alto de tres lises de oro puestas en faja, como agradecimiento al monarca reinante.

domingo, 27 de febrero de 2011

RECORRIDO POR LA HERÁLDICA HISPANA, CAPÍTULO OCTAVO Y ÚLTIMO

ORÍGENES Y EVOLUCIÓN DE LA HERÁLDICA HISPANA

 
Dr. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila,

Marqués de La Floresta
Cronista de armas de Castilla y León

CAPÍTULO OCTAVO
A MODO DE CONCLUSIÓN: PROBLEMAS Y CUESTIONES PENDIENTES, FUTURAS INVESTIGACIONES
En el estudio del proceso de formación del sistema heráldico hay numerosas cuestiones pendientes de resolución, a saber: el problema iconográfico (la decoración de los escudos, el repertorio de figuras, las influencias estilísticas orientales); el problema técnico (fabricación de los escudos, reglas, colores y forros, piezas y particiones); y el problema socio-jurídico (quiénes usaban armerías en el siglo XII, el vínculo entre armerías y feudos, las relaciones de las diferentes categorías de emblemas entre sí, y la adopción del sistema hereditario). Este último es el que nos parece menos conocido.
Para poder resolver con solvencia las cuestiones planteadas, habrá que acometer estudios más profundos respecto de las fuentes monumentales, documentales y literarias de la Plena y la Baja Edad Media que contengan elementos emblemáticos. En particular sobre los manuscritos miniados que contengan escenas militares; sobre las esculturas de templos y palacios; sobre los objetos de arte y decorativos (esmaltes, orfebrería, forja, cofres, tejidos, marfiles, cerámica, cueros y cordobanes); sobre las monedas; y muy en especial sobre los textos literarios y narrativos.
Finalmente, en cuanto al sistema heráldico durante la Edad Moderna, digamos que es un asunto apenas estudiado por los tratadistas, preferentemente centrados en la época medieval -heráldicamente más atractiva-. En lo relativo a tal periodo, contamos con abundantes recopilaciones y elencos de piezas (realizados casi siempre desde ópticas y ámbitos territoriales y locales), pero son escasos los análisis de conjunto.

viernes, 25 de febrero de 2011

ARMAS EPISCOPALES DE DON DIEGO MELO DE PORTUGAL, OBISPO DE JAÉN

ARMAS EPICOPALES EN VALDEPEÑAS DE JAÉN

Por don Fernando del Arco García

Presidente de la Agrupación Ateneísta de Estudios Vexilológicos, Heráldicos y Genealógicos


 Amigo José Juan:

Te ruego que a través de tu nunca tedioso "blog" me permitas saludar al Ilmo. Barón de Sórvigo
y darle mi enhorabuena por sus colaboraciones, especialmente la del día veintitrés del corriente sobre ARMAS EPISCOPALES, a la cual desearía añadir "mi pequeño granito de arena".
En primer lugar hablaré de los escudetes con las armas de Aragón y Sicilia;
remontándonos a su origen, provienen del aumento de armas o "cuasi brisura" que don Francisco de Melo Portugal mandó poner en los cantones del jefe de sus armas familiares
con motivo de haber sido Virrey de Aragón, Sicilia y, desafortunadamente, de Cataluña.
Las fotografías son muy esclarecedoras pues ponen de manifiesto las licencias que se toman los canteros con la anuencia, o al menos la pasividad del propietario, y no digamos de los heraldos: disponer escusones donde les parece y alterando la colocación de las portuguesas quinas,
poner un lambel (que más parece un puente)
de segundogénito, siendo un quinto hijo (que sería una merleta) y con esto me refiero al grado de filiación de Su Eminencia don Diego Melo de Portugal, Obispo de Jaén, que al menos tiene correcta su corona pues se corresponde con la adecuada para descendientes de Títulos del Reino.
En este caso se ve el círculo (sin pedrería) realzado de cuatro florones, tres vistos (otros dicen: vistos un florón y dos medios), interpolados de cuatro rayos, tres vistos.

En otro de los escudos da la impresión de que perteneciera a un militar, pues en la zona exterior de la punta se observan dos terminaciones al parecer de las bengalas de Mariscal de Campo o general. Sorprendente.
Como colofón, señalaré que nuestro obispo procede de la rama cuarta y línea apellidada Melo de Portugal, por el matrimonio de doña Felipa de Melo y Silva, Condesa de Olivenza, con don Álvaro de Portugal, segundo Duque de Braganza.

De este matrimonio desciende el primer marqués de Vellisca (Grande de España), I Conde de Assumar, Marqués de Tordelaguna y vizconde de Caseda, pariente mayor de don Diego; otras ramas proceden del referido matrimonio: Marqueses de Rafal, Condes Gelves, Barones de Monte y otros.