En diferentes publicaciones de la red, desde hace escasas fechas, se viene hablando de la necesidad de creación de un estandarte que sirva de soporte a las, forzosamente a crear, nuevas armas de la infanta doña Leonor, la hija mayor del príncipe de Asturias.
Se apuntan algunas direcciones en las que, imagino que no casualmente, se ha comenzado a abordar el tema:
http://www.monarquiaconfidencial.com/pg_Articulo.aspx?IdObjeto=2434
http://www.cotilleando.com/f6/escudo-de-armas-de-la-infanta-leonor-47970/
http://www.elconfidencialdigital.com/Articulo.aspx?IdObjeto=26355
El argumento de las armas que podría adoptar la infanta doña Leonor se trató, hace ya algún tiempo, al conocer el diseño que propuso el maestro de nuestras ciencias don Eduardo García-Menacho y Osset, compañero de armas con el empleo de teniente coronel, artillero, que abogaba por la utilización de las armas plenas de España y el juicio negativo que sobre el mismo manifestó el redactor de estas líneas:
A continuación se añadió entrada sobre el caso con texto del III marqués de la Floresta en la que, del mismo modo, se negaba validez al diseño de don Eduardo García-Menacho:
Siguió la respuesta de don José Luis Sampedro Escolar, defendiendo el diseño de armas plenas de España por parte de la infanta doña Leonor:
http://blogdeheraldica.blogspot.com/2009/11/respuesta-de-don-jose-luis-sampedro.html
Y por último, contestó el marqués conciliando posturas, pero defendiendo la necesidad de brisar las armas de España-armas reales, para evitar confusiones:
http://blogdeheraldica.blogspot.com/2009/11/respuesta-del-marques-de-la-floresta.html
A pesar del acierto general del teniente coronel García-Menacho, su proyecto no era válido en tanto que, aparte los excelentes adornos exteriores, las armas que proponía para la infanta eran coincidentes con las de la nación, armas que, como se ha expuesto en infinidad de ocasiones en este tedioso blog, y ayer mismo, solamente debe ostentar el rey, como soberano de la nación.
Tras esta exposición rememorativa en la que se le anima, improbable lector, a releer las antiguas entradas hoy propuestas, se convoca su atención a las entradas sucesivas, en las que se desea ahondar en el argumento de las armas que, en buena lid, debería adoptar la heredera del heredero del trono de España. En cualquier caso, vaya por delante que sea cual sea la decisión final que se adopte, será bienvenida y acatada como corresponde a un heraldista.



Recuerdo muy nítidamente haber leído en la biblioteca del Cuartel General del Ejército del Aire, donde se recibe la suscripción, el editorial de la revista Hidalguía correspondiente a esa fecha. El entonces rey de armas decano, don Vicente de Cadenas y Vicent, se indignaba ante dos aspectos de las armas que se creaban para el príncipe:
Segundo: El otro motivo de indignación surgía ante la disposición de brisura en las armas del príncipe, en concreto arremetía contra el lambel con forma medieval. Como sabrá, improbable lector, el lambel es esa faja azul, con tres pendientes de igual color, que se sobreponen al escudo del príncipe y que impiden ver con plenitud los cuarteles correspondientes a los antiguos reinos de Castilla y de León.
El rey de armas explicaba en su editorial algo evidente: El reino y el rey comparten las armas. Es cierto. Solo se pueden distinguir por los ornamentos exteriores. También cierto. Y proponía que igual se hiciera con el príncipe: que ostentara las mismas armas que su padre, el rey, y que el reino, España. Dejando que fuera solo el timbre exterior, la corona, el que aclarara si el escudo pertenecía al rey o al heredero.
Y las armas del rey don Juan Carlos, que se describen en la Regla número 1, del Título II, del Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos:
Y ahora los escudos que hemos visto, sin ornamentos exteriores. Sin coronas, sin columnas y sin toisones:
Como explicaba, ambos escudos son uno solo. Seis cuarteles: Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada. El sexto es, en el centro, Francia, que representa las armas de la dinastía Borbón.
Los ornamentos exteriores son siglos mas jóvenes. En consecuencia el príncipe, que es eso, heredero, pero no rey, debe distinguir su escudo del de la nación y del titular de la misma. Y para hacerlo, añade un lambel a las armas nacionales. Correctísimo a mi juicio. Acertado. De buen gusto. Y además, en vez de escoger ese extraño lambel moderno se recurre al lambel medieval. Más explícito. Más extenso. De mejor tono.
En las armas del heredero, el decreto del 2001 timbraba con corona de príncipe: En lugar de ocho diademas que tiene la corona real, de las que solo se ven cinco, se ponen cuatro, de las que solo se ven tres. Correcto. Pero, insisto: El escudo en sí mismo ha de ser diferente. Los ornamentos, nadie lo discute, también.
Y por último, el escudo del príncipe sin ornamentos exteriores, tal como se podría colgar en su propio palacio, manteniendo esa costumbre tan española de decorar con escudos: 















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