miércoles, 9 de septiembre de 2009

NUESTRA SEÑORA DE ARANZAZU

En este blog se felicita exponiendo los escudos particulares. Hoy se celebra la onomástica de mi esposa, Arancha Piedrafita y Martín, Zalabardo y Orejas. Las que siguen son sus armas.

martes, 8 de septiembre de 2009

ATRIBUCIÓN DE ARMAS I: LADY HALCÓN

Atribuir armas a personajes fantásticos es una de esas actividades que, imaginando su erudición improbable lector, tanto le disgustarán, pero que a mí me parece una sana diversión, una forma de evasión, un ejercicio heráldico.

Es una afición que comparto, según he podido comprobar a través de la lectura de varias de sus obras, con el doctor don José María de Montells y Galán, II barón de Dranda y I vizconde de Portadei, del reino de Georgia, quien es prolijo fabulador y acertado atribuidor de armas a los más variados personajes, que lo cortés, no quita lo valiente.En mis horas de ocio he inventado armas para muchos, muchos personajes imaginarios, legendarios, mitológicos, fantásticos... Creo recordar que comencé esta andadura con los personajes principales de la novela de la escritora norteamericana Joan D. Vinge, titulada Lady Halcón, novela que, como su homónima película, lograron cautivar mi febril imaginación adolescente y me hicieron soñar con ser yo mismo un nuevo Etienne de Navarre. El resultado de aquellos lejanos razonamientos es lo que sigue.

Las armas que entonces atribuí al caballero Navarre, puede suponer correctamente improbable lector, eran un parlante de Navarra antiguo, esto es, un campo de gules pleno. De hecho se puede inferir que el apellido del caballero escondía una secreta relación con la casa real de Navarra. Relación que podemos incluso sospechar de filiación, aunque ilegítima, con el soberano de aquel reino. Armas que, después de la aventura relatada en el texto de la novela se completaron con un escusón de oro, cargado con un halcón parado de gules, en recuerdo del cuidado que puso el capitán Etienne de Navarre en la supervivencia de su amada, convertida por un tiempo en ave.Para Isabeau, lady Halcón, de la familia más linajuda de los Anjou, aunque también de la rama más pobre, atribuí un escudo de Francia en su versión anterior, es decir un campo de azur sembrado de lises de oro, como familiar lejana que era del capeto, cargado de un lambel de plata, similar al de los actuales Orleans. Armas a las que años después Isabeau añadiría un franco cuartel de gules, en homenaje a su esposo, el capitán Navarre, manteniendo brochante el lambel. Posteriormente, al igual que Navarre, concluida felizmente la aventura que recogen película y libro, añadió un escusón de oro cargado de una cabeza de lobo de sable, como recuerdo del cariño que profesó a ese temido animal.Se fabula que acabaron sus días como señores de aquella misma ciudad, Áquila, que los había visto embrujados por el odio de su obispo. Después de la muerte del malvado, Roma abolió aquella diócesis. El capitán Etienne de Navarre y su esposa, Isabeau de Anjou, quedaron como señores soberanos del lugar y de su campo circundante, titulándose desde entonces como condes de Áquila.Como condes soberanos que fueron de un territorio independiente, lograron que su larga descendencia emparentase por vía de matrimonio con las más esclarecidas estirpes de reyes de la cristiandad, siendo hecho cierto que los monarcas de Europa, todos, llevan en sus venas sangre de aquellos héroes legendarios.

En cuanto al personaje Phillipe Gastón, apodado ratón, comprobada a lo largo del texto su falta atávica de escrúpulos, supuse que acabaría sus días como conde palaciego en la corte del duque de Bretaña o de algún otro noble soberano de la zona. Imaginé además que las armas que escogería serían las de Francia, con un lambel de plata, como muestra del antiguo afecto y como sincero homenaje a la mujer que conoció siendo adolescente y de la que siempre se mantuvo secretamente enamorado. Lambel de plata al que añadiría escusones de oro con una cabeza de lobo de sable y un halcón posado de gules, en recuerdo de su aventura juvenil. Caballero valiente, participaría al lado de su señor en mil batallas. Podemos suponer que terminó sus días casado con la hija menor del duque soberano de Bretaña, rodeado de hijos que entroncarían con las más nobles familias de la cristiandad y adinerado, aunque siempre derrochador.En cuanto al personaje del monje Imperius le dispuse por armas un escudo de púrpura cargado con cruz de sable, como signo de penitencia por el grandísimo pecado de romper el sigilo de confesión. Armas que no son las que trajo en su juventud toda vez que, aunque de familia campesina, sus padres eran propietarios de la tierra, hombres libres, y tuvieron armas parlantes definidas como un arado de oro en campo de gules, partido con un molino de gules en campo de oro.

Sujeto a las más estrictas penitencias con el ánimo de enmendar su gravísima falta, entregó su alma al Altísimo, extenuado de tanta mortificación, pocos meses después de concluir la acción relatada en el libro.Por fin, al obispo de Áquila, el malo del relato, atribuí un partido del escudo de su supuesta diócesis, que sería un águila de sable parlante del nombre de la ciudad, en un campo de plata, con las armas de su elección al ser consagrado obispo. Armas éstas que, dada su evidente maldad, serían de sable, sembrado de jirones de plata y brochante un erizo de oro. El lema sería pincho por nacimiento. Muerto al final de la novela, le supusimos una infancia marcada por el odio, hijo de herejes que, aunque de desahogada posición económica, no fueron nunca aceptados. Sin armas hasta su madurez y sin más objetivo que ser admitido en una sociedad en que las creencias podían determinar el aislamiento, fue converso por conveniencia ya con cierta edad, sin creer de veras en la fe católica. Por fin, el dinero de sus padres le permitió un ascenso en la jerarquía eclesiástica que, a la postre, fue lo que le condujo a su perdición.

lunes, 7 de septiembre de 2009

SAN JERÓNIMO EL REAL I

Los reyes de España, todavía hoy, inician su reinado con una misa de consagración al Espíritu Santo. Esta misa de consagración se celebra en una antigua iglesia de Madrid vinculada a la corona, llamada san Jerónimo el real y conocida popularmente como los Jerónimos. Así, en esta iglesia de los Jerónimos se celebraron varias cortes del reino, juraron los príncipes de Asturias desde Felipe II hasta Isabel II, casó don Alfonso XIII con la reina Victoria Eugenia y en ella inició su reinado el actual monarca, don Juan Carlos. Para comprender el origen de esta iglesia y su vinculación con la real familia hay que remontarse a unos hechos que requieren una perspectiva de más de quinientos años.

A comienzos del siglo XV, en estos reinos que hoy son España, la moda de las novelas de caballería estaba en su apogeo. Se escribía y se discutía sobre las armas de tal o cual caballero; se confeccionaban armoriales, que son libros en los que se detallan, dibujados, los escudos de muy diversos caballeros; incluso se atribuían armas a personajes legendarios o que vivieron en una época anterior al nacimiento de la heráldica.Una evidente manifestación de aquel furor social por las gestas caballerescas tuvo lugar en el año 1434. En ese año se celebró el torneo denominado como el Paso Honroso.Se conoce con ese nombre de Paso Honroso a la justa que organizó un joven caballero leones de veinticinco años, don Suero de Quiñones, de la adinerada familia de los Quiñones del reino de León, cuyas armas fueron un jaquelado de gules y veros. Este combate se organizó en un puente, a diferencia de los habituales, en los que se luchaba en campo abierto, a las afueras de las ciudades, para entrenamiento de los caballeros y recreo del pueblo. Se trataba de un puente del entonces, como hoy, muy transitado camino de Santiago. El puente que atraviesa el río Órbigo a su paso por la actual localidad de Hospital de Órbigo.

Si de la organización del combate se encargó el adinerado joven Suero de Quiñones, la convocatoria corrió a cargo del rey de Castilla y León, don Juan II, de la dinastía hoy llamada de Trastámara.El monarca, advertido por el joven Suero de su voluntad de organizar un combate al modo de los relatados en los libros de caballerías, vio en el asunto una forma de entrenar a los caballeros del reino, en general ociosos, en el ejercicio de las armas. No hay que olvidar que en ese periodo existían treguas con los moros del reino de Granada.A tal efecto, el rey ordenó que se difundiera por sus reinos la noticia del torneo y la honra que adquirirían los caballeros que a él acudieran.

Este torneo, acorde a las costumbres narradas en las pujantes novelas de caballerías, tendría sus reglas. El caballero don Suero defendería el paso del puente sobre el río Órbigo durante treinta días. Se consideraría defendido el paso si combatía con don Suero todo caballero que optara por atravesar el puente. El combate se consideraría cumplido tras romper tres lanzas, es decir, tras concluir tres cargas de caballería.Concluían las reglas con la afrenta que supondría, para aquellos caballeros que se negaran a romper lanza, esto es, a combatir, el hecho de tener que atravesar el río vadeándolo y entregar un guante en prenda de cobardía.

Don Suero, además de vestir ropas decoradas con sus propias armas sobre la cota de mallas, luciría una gargantilla, que era la prenda que su dama le había entregado, detalle muy del gusto de la época, tomado sin duda de las novelas de gestas de caballeros. Concluido el plazo del mes, el caballero acudiría en peregrinación a Santiago donde se liberaría de la gargantilla, entregándola en la catedral.El comienzo del torneo se fijó para el mes de Julio del año 1434, en que el camino de Santiago, habitualmente concurrido, alcanzaría una congestión mayor.

El torneo comenzó el diez de julio de 1434. Don Suero, acompañado de otros diez jóvenes caballeros de su familia y amigos, instaló un campamento en la población, al lado del puente, y empezó a combatir. La jornada comenzaba invariablemente con la celebración de la santa Misa y concluía con una cena comunitaria en la que se narraban las gestas del día.Tras romper lanzas con una larga lista de caballeros venidos de los reinos circundantes e incluso de allende los Pirineos, concluyó el paso honroso el nueve de agosto, un solo día antes de lo previsto, a consecuencia de las heridas que don Suero recibió en una carga.De aquella gesta de don Suero se conservan varios testimonios:

Un cronista de la corte del rey don Juan II, don Pedro de Lena, dejó constancia escrita de la hazaña en una crónica que aun se conserva denominada Libro del paso honroso.

La gargantilla que don Suero portó durante el torneo se encuentra depositada en el relicario del apóstol de la catedral de Santiago.La cinta, azul, con la que sujetaba la gargantilla a su cuello en los combates se encuentra hoy en día en la capilla de las reliquias de la catedral de Santiago, alrededor del cuello de una estatua de Santiago el menor.

Por último, un monolito cercano al puente que defendió don Suero, conserva la memoria de los nombres de algunos de los caballeros que, oyendo la convocatoria del rey, acudieron a combatir en tan singular torneo.La información se ha obtenido de una página de wikipedia sobre el asunto.

domingo, 6 de septiembre de 2009

REYES DE FRANCIA EN EL EXILIO

Hoy se propone un breve apunte sobre algunos personajes de nuestra reciente historia. Como recordará, improbable lector, el rey don Alfonso XIII tuvo varios hijos varones.El hijo mayor del rey, el príncipe de Asturias don Alfonso, lamentablemente hemofílico, renunció a sus derechos a la corona en 1933, ya sin monarquía en España, para casar con la señorita Edelmira Sampedro y Robato, Ocejo y Turro, cubana de origen español, carente de antepasados aristocráticos, condición que entonces impedía el mantenimiento de los derechos al trono. Su hemofilia y frágil salud aconsejaban, en cualquier caso, su renuncia, materializada en 1933, pasando a adoptar el título de pretensión de conde de Covadonga.

El príncipe don Alfonso casó en una segunda ocasión, cinco años después, con la señorita Marta Rocafort y Altuzarra, González y Carbonell, sin alcanzar descendencia de ninguno de los dos matrimonios. Falleció en 1938 al chocar su automóvil con una cabina de teléfonos en Miami, donde residía. Sus esposas le sobrevivieron hasta 1994 y 1993 repectivamente.

El segundo hijo del rey Alfonso XIII fue también un varón, el infante don Jaime. A consecuencia de una operación de oídos cuando contaba cinco años de edad, quedó sordo. Esta discapacidad motivó su renuncia a los derechos dinásticos a la corona de España. Renuncia que se formalizó doce días después de la que firmara su hermano mayor, el príncipe de Asturias en el exilio, don Alfonso, para casar con doña Edelmira Sampedro y Robato. Adoptó el título de pretensión de duque de Segovia. Este príncipe fue reconocido por los legitimistas franceses, ya en 1941, a pesar de su sordera, como rey de Francia en el exilio, adoptando desde entonces el título de duque de Anjou. El infante don Jaime casó con doña Emmanuela Dampierre y Rúspoli, con quien tuvo dos hijos, don Alfonso y don Gonzalo Borbón y Dampierre, Battenberg y Rúspoli.

El mayor de los hijos, el príncipe don Alfonso de Borbón y Dampierre, recibió el título de pretensión en España de duque de Cádiz. Casó con doña Carmen Martínez-Bordiú y Franco, la nieta mayor del anterior general jefe del estado español. Fallecido el duque trágicamente en Colorado en 1989, trasmitió la herencia de sus derechos dinásticos al trono de París a su hijo don Luis Alfonso.Así don Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú, Dampierre y Franco es el actual rey de Francia en el exilio para los denominados legitimistas franceses. Utiliza, sin diferenciar, las armas plenas del reino de Francia. Su nombre como pretendiente es Luis XX de Francia, si bien utiliza el título de duque de Anjou. Casado con la señorita doña María Margarita Vargas Santaella, cuentan desde 2007 con una heredera de los derechos dinásticos en la persona de su hija, la princesa de Francia en el exilio doña Eugenia de Borbón y Vargas, Martínez-Bordiú y Santaella, cuyas armas, de la mano del excepcional heraldista italiano Marco Foppoli, concluyen estas líneas.