Hubo en estos reinos que hoy llamamos España un conflicto armado hace trescientos años. Ese conflicto hoy se conoce como la guerra de sucesión.
Como sabe, improbable lector, esta lucha se originó tras la muerte sin sucesión del rey don Carlos II, el hechizado, último representante en estos reinos de la casa de Habsburgo.
Esta guerra, poco estudiada, comenzó en 1701 y no finalizó realmente hasta que en 1744 se rindieron las últimas guarniciones en la isla de Mallorca, aunque se conoce oficialmente al tratado de Utrech de 1713 como la conclusión del conflicto.
Los protagonistas del enfrentamiento fueron los reyes: Don Felipe V de Borbón, nieto del rey Luis XIV del reino de Francia;
y el aquí conocido como el archiduque Carlos, rey don Carlos III de Habsburgo para sus partidarios, que fue el séptimo hijo, segundo varón, del emperador Leopoldo I de una nación, denominada entonces, como Sacro Imperio Romano Germánico.
El rey Felipe V se sentó en el trono de Madrid en 1701, al comienzo de la guerra, si bien en 1706, consecuencia de las operaciones militares de su adversario huyó de la corte, ocupando el archiduque Carlos la ciudad de Madrid y siendo proclamado rey con el nombre de Carlos III.
Este conflicto, de grandísima repercusión internacional, hasta el punto de ser considerado una guerra europea, se materializó en España en una guerra civil que enfrentó al reino de Castilla contra los antiguos reinos de la corona de Aragón.
Y es que bajo la apariencia de una guerra dinástica se escondía realmente un conflicto que dirimía una concepción política de los reinos de España perfectamente dispar:
El rey Felipe V proponía una administración de la política regional de los reinos de España basada en un centralismo arrasador de las culturas y diferencias periféricas. Centralismo que se materializó posteriormente en los decretos de nueva planta, que arrollaron las ancestrales cortes de cada uno de los cuatro reinos de la corona de Aragón: El propio Aragón, el principado de Cataluña, el reino de Valencia y el reino de las islas Baleares.
Por su parte, el archiduque Carlos entendía la administración política española como un mantenimiento, sin cambios, de las tradicionales cortes, privilegios y fueros de cada uno de los reinos que formaban la corona española.
Como sabe, improbable lector, ganada la guerra de sucesión, la guerra civil castellano-aragonesa, por Felipe V, que fue el rey propuesto por la corona de Castilla, el sistema centralista se mantuvo hasta la constitución de 1978 que, con la creación del estado de las autonomías, quiso aliviar en parte la presión centrífuga de las regiones periféricas.
Como sabe, improbable lector, esta lucha se originó tras la muerte sin sucesión del rey don Carlos II, el hechizado, último representante en estos reinos de la casa de Habsburgo.
Esta guerra, poco estudiada, comenzó en 1701 y no finalizó realmente hasta que en 1744 se rindieron las últimas guarniciones en la isla de Mallorca, aunque se conoce oficialmente al tratado de Utrech de 1713 como la conclusión del conflicto.
Los protagonistas del enfrentamiento fueron los reyes: Don Felipe V de Borbón, nieto del rey Luis XIV del reino de Francia;
y el aquí conocido como el archiduque Carlos, rey don Carlos III de Habsburgo para sus partidarios, que fue el séptimo hijo, segundo varón, del emperador Leopoldo I de una nación, denominada entonces, como Sacro Imperio Romano Germánico.
El rey Felipe V se sentó en el trono de Madrid en 1701, al comienzo de la guerra, si bien en 1706, consecuencia de las operaciones militares de su adversario huyó de la corte, ocupando el archiduque Carlos la ciudad de Madrid y siendo proclamado rey con el nombre de Carlos III.
Este conflicto, de grandísima repercusión internacional, hasta el punto de ser considerado una guerra europea, se materializó en España en una guerra civil que enfrentó al reino de Castilla contra los antiguos reinos de la corona de Aragón.
Y es que bajo la apariencia de una guerra dinástica se escondía realmente un conflicto que dirimía una concepción política de los reinos de España perfectamente dispar:
El rey Felipe V proponía una administración de la política regional de los reinos de España basada en un centralismo arrasador de las culturas y diferencias periféricas. Centralismo que se materializó posteriormente en los decretos de nueva planta, que arrollaron las ancestrales cortes de cada uno de los cuatro reinos de la corona de Aragón: El propio Aragón, el principado de Cataluña, el reino de Valencia y el reino de las islas Baleares.
Por su parte, el archiduque Carlos entendía la administración política española como un mantenimiento, sin cambios, de las tradicionales cortes, privilegios y fueros de cada uno de los reinos que formaban la corona española.
Como sabe, improbable lector, ganada la guerra de sucesión, la guerra civil castellano-aragonesa, por Felipe V, que fue el rey propuesto por la corona de Castilla, el sistema centralista se mantuvo hasta la constitución de 1978 que, con la creación del estado de las autonomías, quiso aliviar en parte la presión centrífuga de las regiones periféricas.
Localizada en la costa oriental del norte de Inglaterra, muy cerca de la frontera con el reino de Escocia, fue el primer monasterio atacado por los vikingos en el año 793.
El monasterio fue fundado a principios del siglo VII por san Aidán, un monje irlandés que evangelizó las inhóspitas regiones del norte de Inglaterra.
Con el tiempo devendría en un importante núcleo de cultura. A su scriptorium se deben algunas conocidas obras como los evangelios de Lindisfarne, que son los más antiguos textos bíblicos en lengua inglesa.
En
Hubiera querido comenzar esta entrada con la frase: Quien estas líneas escribe… pero nos advirtió un compañero de armas, el también comandante don Daniel Marín Mohino, que hablar de uno mismo en tercera persona resultaba pedante.
el príncipe de Asturias,
En el dibujo que sigue se muestran las armas que ha venido usando, sus armas familiares, cargadas de franco cuartel de Malta, hasta su elección como príncipe soberano de la orden.
Las que siguen, son las armas del mismo una vez requerido para el cargo que ocupa, cuarteladas con las de la orden.
El estandarte que hoy se propone es el que recoge sus armas familiares:
El siguiente estandarte que se propone es el del muy nombrado en este espacio virtual, sacerdote norteamericano Guy Selvester, docto heraldista cuyo blog,
tras una larga evolución que ya se expuso en otra ocasión.
Posteriormente, con absoluto acierto, ha creado un elegante estandarte que refleja su heráldica. 
hoy se proponen las siguientes:
Se trata de un escudo que representa las armas del conde de Barcelona, que adoptara por herencia de varonía el rey de Aragón, partido con la cruz de san Jorge, que simboliza a la ciudad de Barcelona.
que adorna repetidamente la ciudad.
En relación a los palos del conde soberano de Barcelona recordar someramente que fue el conde don Ramón Berenguer IV,
soberano de los condados catalanes, que hoy llamamos principado de Cataluña, quien por primera vez adornó su escudo con ese motivo.
Cuentan que la elección vino inspirada en el a modo de paraguas, el ombrellino, que servía de señal al papado, cuyos gajos eran invariablemente de gules y oro.
Se trae de nuevo a su memoria, improbable lector, que la heroica escena del rey Carlos de Francia, rasgando el escudo de Wilfredo el velloso con la sangre de este reclamando venganza
es absolutamente anacrónica, toda vez que los primeros escudos que portaron motivos heráldicos nacieron cientos de años después. Es una puesta en escena muy didáctica para recordar la partición y los colores pero absolutamente irreal.
Es decir, cuentan que san Jorge, el personaje histórico, no existió realmente y que, desde luego, de haber existido, allá por el siglo V, no habría portado motivo heráldico alguno.
Y es que consideran que este personaje no es más que una parte de la mitología cristiana que ve en el caballero virtuoso que vence al dragón, un modelo de hombre cristiano que lucha contra la tentación hasta vencerla.
Las armas atribuidas tradicionalmente a este héroe cristiano mitológico son una genérica cruz de gules, cruz tintada de la sangre que representa la lucha, sobre un puro campo de plata.
Región militar pirenaica occidental:
Institucionalmente se da una extraña explicación al campo del cuartel principal de estas armas, haciendo referencia a que el esmalte elegido, sinople, denota su demarcación, aspecto que no entendemos salvo que se quiera significar que, solo el norte de esta España cada vez más seca, permanece verde.
Tiene la deferencia de remitir nota don José Luis Sampedro Escolar, en relación con el brillante capítulo de la orden militar de san Hermenegildo celebrado en San Lorenzo de El Escorial, al que acudió en calidad de caballero divisero del ilustre solar de Tejada.
Tras la imposición de condecoraciones, se celebró la Santa Misa, oficiada por el arzobispo castrense, y tuvo lugar la reunión del Capítulo, presidido por el Soberano de la Orden, Don Juan Carlos I, acompañado del Príncipe y del Infante Don Carlos. Mientras se celebraba esta sesión, el resto de los asistentes pudieron escuchar un breve concierto de la Escolanía, dirigida por D. Javier Martínez Carmena.
S.A.R. el Infante don Carlos de Borbón-Dos Sicilias, ocupó lugar preferente como Soberano de la Orden Constantiniana de San Jorge y caballero del Toisón de Oro, encabezando las representaciones de corporaciones nobiliarias y entidades afines, como las Órdenes de Santiago, Alcántara, Calatrava y Montesa, las Reales Maestranzas de Caballería, el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, los nobles linajes de Segovia, el Ilustre Solar de Tejada, la real hermandad de caballeros de san Fernando, los Infanzones de Illescas, los caballeros y escuderos de Cuenca, los cubicularios de Zamora, la Cofradía de Investigadores y un largo etcétera. Al acto asistieron también la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el alcalde del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, José Luis Fernández-Quejo, el delegado del Patrimonio Nacional, Pablo Larrea, el Gran Canciller de la Orden, General Rodrigo y el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), general del Aire José Julio Rodríguez, entre otras personalidades, así como una muy numerosa representación de los agregados militares acreditados en Madrid.
La celebración del capitulo del año 2009 coincide con la reapertura de la Real Basílica, tras acometer Patrimonio Nacional un ambicioso proyecto de rehabilitación que abarca desde la restauración del cimborrio, de los carrillones o del órgano hasta la de las pinturas de Lucas Jordán, del retablo y de los cenotafios de Carlos V y Felipe II, de Leoni.
Doña Blanca de Igual nació en Madrid en 1880. Casó con el vizconde de Llanteno habitando el palacete que nos ocupa donde, siendo gran aficionada a la política en una época en la que las mujeres tenían tal área vedada, recibía habitualmente la visita de insignes próceres como Miguel Primo de Rivera o José Calvo Sotelo.








